sinopsis Un extraterrestre es enviado a la Tierra para que redacte un informe sobre el comportamiento y las costumbres humanas. Irá a parar a California y sus pesquisas le resultarán soprendentes.
Ficha Técnica Director: Norman Taurog / Productor: Hal B. Wallis / Guión: Edmund Beloin y Henry Garson, sobre la obra de teatro de Gore Vidal / Fotografía: Loyal Griggs / Música: Leigh Harline / Montaje: Frank Brach / Efectos Visuales: John P. Fulton / Intérpretes: Jerry Lewis (Kreton), Joan Blackman (Ellen Spelding), Earl Holliman (Conrad), Fred Clark (Mayor Roger Putnam Spelding), John Williams (Delton), Jerome Cowan (George Abercrombie), Gale Gordon (Bob Mayberry), Lee Patrick (Rheba Spelding), Milton Frome (Comisionado de la policía), Ellen Corby (Mabel Mayberry); Barbara Lawson ( Desdemona), ... / Nacionalidad y año: Estados Unidos 1960 / Duración y datos técnicos: 85 min. ByN 1.85 : 1 (Dual Español/Inglés)
Comentario “Visit to a Small Planet” es el primer film que toca el tema de visitantes alienígenas a nuestro planeta, en clave de comedia. Hay que recordar que esta película se produjo al final de una década donde la ciencia-ficción se había convertido en un reflejo de los miedos del ser humano, fuera por invasiones, plagas o accidentes nucleares (claro reflejo de La Guerra Fría, la era atómica y el temor a lo desconocido incluido el espacio exterior): “The Thing from Another World” (1951), “The War of the Worlds” (1953), “Invaders from Mars” (1953), “Invasion of the Body Snatchers” (1956), etc… son claros ejemplos de ello. Era necesario desdramatizar el género, y para ello nadie mejor que el simpar Jerry Lewis.
Es casi seguro que “Visit to a Small Planet” sirvió de inspiración a la comedia televisiva que se estrenaría poco después y cuyo tema principal eran las aventuras de un alocado estraterrestre en nuestro planeta: “Mi marciano favorito/My Favorite Martian” (1963-6). Dicha serie daría paso a otras tales como “Mork and Mindy” (1978-82), “ALF” (1986-90) y “Cosas De Marcianos /3rd Rock from the Sun” (1996-2001) y películas como “My Stepmother is an Alien” (1988) y “What Planet Are You From?” (2000).
La película nace como una obra de teatro satírica escrita por el famoso ensayista y escritor Gore Vidal. Por supuesto, cuando se traslada al cine se convierte en un vehículo para el popular Jerry Lewis, que se encuentra en el apogeo de su carrera con películas como “The Delicate Delinquent” (1957), “The Sad Sack” (1958), “The Geisha Boy” (1958), “The Bellboy” (1960), “Cinderfella” (1960), “The Ladies Man” (1961) y “The Nutty Profesor” (1963). Gore Vidal había escrito su obra en forma de sátira sobre la Guerra Fría y la caza de brujas del senador Joseph McCarthy, incluyendo una segunda parte donde Kreton (el extraterrestre), después de haber perdido la Guerra Civil, decide iniciar su propia guerra y causa el caos con armas de destrucción masiva. En la versión cinematográfica, la sátira se fue por la ventana y la película se convirtió en una comedia ligera adaptada a la personalidad de Jerry Lewis. De hecho, resulta imposible deducir lo que Gore Vidal estaba tratando de satirizar en su obra de teatro (hay que decir que Gore Vidal quedó muy insatisfecho del resultado final del film).
Aunque por lo general es una película denostada por la crítica, “Visit to a Small Planet” tiene que ser vista como lo que es, una tontería al servicio del histriónico Lewis que nos ofrece lo que en casi todos sus filmes; muecas, aspavientos, chistes, … Esas payasadas que a todos nos hacen gracia, la verdad. Con momentos inspirados y escenas muy divertidas. Norman Taurog, un director de comedias ligeras más conocido por una serie de películas de Elvis Presley y otras del género, como “Dr Goldfoot and the Bikini Machina” (1965), realiza el film con un ritmo vertiginoso, sin parar, de manera alocada. Tanto, que a veces parece simplemente ser una sucesión de “gags” sin trama ninguna. La película también nos ofrece una mirada divertida sobre la Generación Beat (de lo mejor del film).
Lo dicho, una comedia realizada para mayor gloria del simpático Lewis. Para ver y divertirse sin complejos. Además, debo confesarlo, me encanta la voz del que lo dobla en las películas de aquella época. Carcajadas “Plan 9”.
Tras salir más o menos ileso del incendio del molino, el monstruo creado por Henry Frankenstein, vaga libre por los alrededores de la aldea que lo vio nacer. A pesar de que su creador quiere pasar aquella oscura página de su vida, entrará en escena el desquiciado doctor Pretorius que, sirviéndose de sus artimañas y de la misma criatura, conseguirá doblegar a Henry y abocarle de nuevo a sus experimentos. Esta vez, con la intención de ofrecerle una compañera al monstruo…
Ficha Técnica
Director: James Whale / Guión: William Hurlbut, John L. Balderston basada en la novela Frankenstein de Mary Shelley / Productor: Carl Laemmle Jr. para Universal / Música: Franz Waxman, Franz Schubert (Ave Maria, Op.52 No. 6) / Fotografía: John J. Mescall / Montaje: Ted J. Kent / Dirección artística: Charles D. May / Maquillaje: Otto Lederer, Jack P. Pierce / Intérpretes: Boris Karloff (El monstruo), Colin Clive (Dr. Henry Frankenstein), Valerie Hobson (Elizabeth Frankenstein), Ernest Thesiger (Dr. Pretorius), Elsa Lanchester (Mary Wollstonecraft Shelley/La novia del monstruo), Gavin Gordon (Lord Byron), Douglas Walton (Percy B. Shelley), Una O’Connor (Minnie/sirvienta en Villa Diodati), E.E. Clive (alcalde), Lucien Prival, O.P. Heggie, Dwight Frye, Reginald Barlow, Walter Brennan, John Carradine, Marilyn Harris… / Nacionalidad y año: USA 1935 / Duración y datos técnicos: 75 min. B/N 1.37:1. (2 versiones: doblada y original + subs.)
Comentario
Resulta evidente que James Whale con la presente película no se planteó, ni mucho menos, una mera secuela de su taquillera “El doctor Frankenstein” (1931). El trabajo previo de acercamiento a la historia lo realizó el escritor William Hurlburt, aprovechando la idea presente en el original de Mary Shelley, relativa al deseo del monstruo de tener una compañera (apunte no incluido en la primera película). Por otra parte, al propio Whale también le atraía la idea de crear una criatura femenina similar a Boris Karloff. El guión resultante de la colaboración de Whale, Hurlburt y el entrante John Balderston, terminaría siendo uno de los más insólitos que, hasta ese momento, recordaba la memoria cinematográfica. “The Return of Frankenstein” (título inicial del proyecto) no era exactamente un film de terror si no más bien un extravagante ejercicio de fantasía trufado de negra comicidad. Whale se negaba a que en esta película la criatura se limitara a hacer las mismas cosas que en la primera, de modo que se la planteó como un paso más en su lógica evolución como personaje. Así, el monstruo aprendería a hablar (igual que en el libro) acercándose a la especie humana y dando pie a que el público se identificara más con el. El reparto fue elegido por el director, antes incluso de que el guión estuviera acabado. Karloff y Clive repetirían sus papeles como criatura y doctor respectivamente. A estos se añadirían las impagables presencias de Una Q'Connor y Ernest Thesiger, quien daría vida al doctor Pretorius, el villano de la función. El mayor problema para los guionistas fue, sin duda, hallar una explicación no demasiado grosera para la reaparición del supuestamente fallecido monstruo. Finalmente, la solución fue incluir un prólogo en el que aparecen Lord Byron, Percy Shelley y la joven Mary Godwin (futura Shelley), revelándose así la naturaleza puramente de ficción de todo lo acaecido en la anterior película. La historia narrada en “El doctor Frankenstein” resulta de esa forma presentada nada más que como un cuento nocturno contado por la futura novelista para entretener a sus compañeros. Gracias a esta pirueta dramática, Whale quedaba con las manos libres para dirigir esta segunda película por los derroteros que más le interesasen, sin atender a ninguna de las engorrosas convenciones propias de las segundas partes. Ahora bien, el realizador no olvidaba que, aparte de sus fantasías personales, debla introducir en e11argometraje elementos del más puro terror, que era al fin y al cabo lo que la gente deseaba ver. Como consecuencia de todas estas tensiones creativo-comerciales, Whale conseguiría la obra maestra de su sofisticada aunque irregular filmografía; soslayando las flaquezas de su predecesora e integrando todos los dispares ingredientes de esta inusual historia en un poema de tristeza profunda, con la imposibilidad de trascender las rígidas leyes de la naturaleza, de amar y comunicarse, como ejes fundamentales. La sublime fotografía de John J. Mescall, los ingeniosos efectos especiales de John P. Fulton (en particular en el chocante fragmento de los homúnculos, quizá el momento más desquiciado del film), las cómplices interpretaciones del quinteto protagonista (y muy especialmente del magnético Thesiger, la verdadera estrella de la película por delante incluso de Kar1off) y, por supuesto, la refinada puesta en escena de un Whale en la cima de su capacidad representativa, convierten “La novia de Frankenstein” en una de las mas retorcidas obras maestras de la historia del cine (fantástico o no).
El doctor Henry Von Frankenstein se embarca en un experimento tenebroso: construir, a partir de trozos de cadáveres, un nuevo ser humano. Para el cerebro emplea el de un criminal, lo que conduce al monstruo al odio más cruel. Ayudado por su criado Fritz se adentra durante la noche en los cementerios de la localidad para robar la materia prima.
Ficha Técnica
Director: James Whale / Productor: Carl Laemmle Jr. / Guión: Garret Ford & Francis Edward Faragoh (Novela: Mary Shelley) / Fotografía: Arthur Edeson / Música: David Brockman / Montaje: Clarence Kolster / Efectos especiales: John P. Fulton / Maquillaje: Jack P. Pierce / Intérpretes: Colin Clive (Henry Frankenstein), Mae Clarke (Elizabeth), John Boles (Moritz), Boris Karloff (El Monstruo), Edward Van Sloan (Doctor Waldman), Frederick Kerr (Baron Frankenstein), Dwight Frye (Fritz), Lionel Belmore (El Burgomaestre), Marilyn Harris (pequeña María), Ted Billings (Aldeano),... / Nacionalidad y año: USA 1931 / Duración y datos técnicos: 70 min. B/N, 1.33:1. (Dúal Español/Inglés + Subs)
Comentario
Puede decirse que el célebre relato de Mary Wollstonecraft Shelley, “Frankenstein o el Moderno Prometeo”, inventado en la quinta ginebrina de Lord Byron la célebre noche del 14 de Junio de 1816, se convirtió muy pronto en una máquina de disparar historias desde que dos años más tarde apareciera publicado en Londres. La macabra y morbosa fantasía no es una obra maestra de la literatura, pero ha sabido conectar con ocultos mecanismos del inconsciente y simbolizar una serie de temores innatos en el hombre. Frankenstein, el monstruo, no es sólo un emblemático mito romántico, también lo es de la soledad del hombre moderno, librado a sus propias fuerzas, perversamente creado y posteriormente ignorado por un dios olvidadizo. Tan sólo cinco años después de su primera publicación llovieron las adaptaciones teatrales del mito. Hasta 1900 fueron ocho las versiones para la escena entre las que se contabilizan dos parodias y una comedia musical. Fue el sonado éxito de la versión de Peggy Webling de 1930 la que provocó la carismática adaptación cinematográfica de James Whale/Boris Karloff. Previamente, el monstruo había sido llevado a la pantalla en tres ocasiones, dos en los Estados Unidos (1910 y 1915) Y una en Italia (1920). En un principio se pensó en Bela Lugosi, entonces en la cumbre de la popularidad por su hierática interpretación de Drácula (193t), para que encarnara al monstruo, pero el húngaro se negó a aceptar el papel alegando que sus admiradores no le reconocerían bajo ese disfraz. Afortunadamente, los directivos de la Universal aceptaron la propuesta de Whale y muy pronto el maquillador Jack Pierce empezó a experimentar sobre la cetrina piel del veterano William Pratt, alias Boris Karloff. Fue una suerte, porque nadie como Karloff supo imbuir a la patética criatura esa mezcla de horror y candor insuperable. Años más tarde, en Inglaterra, Terence Fisher ofrecería una serie de visiones menos poéticas del mito. Como si se tratase de una extraña reacción alquímica fueron muchos los elementos reunidos para lograr los fascinantes resultados de “El doctor Frankenstein”: Karloff y un excelente puñado de actores, Colin Clive, Dwight Frye, John Boles; el trabajo de Pierce, convertido desde entonces en uno de los mejores y más imaginativos maquilladores de la industria; el director de fotografía Arthur Edeson que dota al film de una estudiada iluminación expresionista; los barrocos y torturados decorados de Herman Rosse y la ajustada dirección de Whale. Con todo, a la Universal el argumento del film le parecía demasiado explosivo. Carl Laemmle padre tuvo bastantes discusiones con su hijo por esta razón. La advertencia que Edward Sloan realiza al principio de la película acerca de lo aterradora que puede resultar su visión es hija directa de este miedo antes que un hábil truco publicitario. Mucho menos moralista que su original literario, el film da comienzo con el robo de un cadáver en un cementerio. El joven doctor Henri Von Frankenstein está tratando de crear vida a través de fragmentos de cuerpos muertos. Un día se produce un tremendo error, al cual es ajeno el científico: su asistente, en lugar de traerle un cerebro sano, le proporciona el de un asesino. Y así, la criatura (que será conocida ya para siempre con el nombre de su creador) abre los ojos en una noche de tormenta. Pronto nos daremos cuenta de que Frankenstein ha creado un monstruo que, en su rebelde inconsciencia, asesina al ayudante del doctor y a una niña, cuya muerte es una de las escenas más terriblemente poéticas del film. Finalmente, también el monstruo perecerá en un incendio en medio de una terrible persecución. Aunque no se trate de la versión más imaginativa del mito, ya que fue superada por su secuela “La novia de Frankenstein” (1935), esta fábula del científico que quiso ser Dios abre triunfalmente las puertas del cine fantástico de los años 30 y 40 y es una de las más bellas e inquietantes muestras del género. Obra maestra.
El profesor Gibbs inventa una máquina que puede hacer invisible a la gente, y la usa con Kitty Carroll, una atractiva y aventurera modelo. Pero unos gansters roban la máquina para su jefe, así que tendrán que enfrentarse a la mujer invisible......
Ficha Técnica
Director: A. Edward Sutherland / Productor: Burt Kelly, para Universal / Guión: Robert Lees, Fred Rinaldo y Gertrude Purcell, sobre una historia de Kurt Siodmak y Joe May / Fotografía: Elwood Bredell / Montaje: Frank Gross / Efectos especiales: John P. Fulton, David S. Horsley / Música: Frank Skinner / Intérpretes: Virginia Bruce (Kitty Carroll), John Barrymore (Profesor Gibbs), John Howard (Richard Russell), Charlie Ruggles (George), Oscar Homolka (Blackie), Edward Brophy (Bill), Donald MacBride (Vozarrón), Margaret Hamilton (Sra. Jackson).,... / Nacionalidad y año: USA. 1940/ Duración y datos técnicos: 72 min. B/N 1.37 : 1 (V.O.S.E.)
Comentario
'La mujer invisible' ('The invisible woman', A. Edward Sutherland, 1940), estrenada en los Estados Unidos el 27 de diciembre de 1940, casi un año después que 'El hombre invisible vuelve' ('The invisible man returns', Joe May, 1940), no mantiene, más allá del título, ninguna relación con el filme dirigido por James Whale en 1933 ni con ninguna de sus continuaciones, aún menos con el célebre original literario de H. G. Wells. Se trata de un simpático pero fallido filme fantástico que anticipa en buena medida el camino que seguirán algunos años más tarde los filmes basados en la invisibilidad y también todo el ciclo terrorífico de la Universal: el humor.
Joe May (1880–1954) y Kurt Siodmak (1902–2000), director y guionista de ‘El hombre invisible vuelve’, aparecen acreditados como argumentistas del filme, hecho bastante curioso, aunque el guión definitivo viene firmado por los futuros guionistas de las comedias terroríficas ‘El gato negro’ ('The black cat', Albert S. Rogell, 1941), ‘Agárrame ese fantasma’ ('Hold that ghost', Arthur Lubin, 1941) y ‘Contra los fantasmas’ (‘Abbott and Costello meet Frankenstein’, Charles T. Barton, 1948), Robert Lees (1912–2004) y Fred Rinaldo (1913–1992), con la colaboración de Gertrude Purcell (1895–1963). Resulta difícil imaginar si el proyecto inicial contemplaba el tono de comedia más o menos sofisticada, pero en el fondo maniquea y previsible, que domina todo el metraje. En un sentido estricto, no se puede decir que la historia que subyace en el fondo de 'La mujer invisible' carezca de buenas ideas, más bien al contrario: prescindiendo por completo del estilo y las características de la película fundacional de la serie, la historia presenta numerosos elementos nuevos y originales. La invisibilidad se consigue con una droga como en el resto de títulos de la serie, sí, pero ahora es una droga que actúa en combinación con una aparatosa y muy sofisticada máquina diseñada por un excéntrico inventor, el Profesor Gibbs (John Barrymore, 1882–1942) –la persona a “invisibilizar”, así, debe situarse detrás de una especie de pantalla parecida a la que se utiliza en los Rayos X, hacia la cuál se dirigen los rayos de la máquina en cuestión–. Gibbs trabaja a sueldo, es un decir, de un más bien ridículo gigoló, Richard Russell (John Howard, 1913–1995), que ha ido dilapidando la fortuna familiar de romance en romance, y de demanda en demanda.
No se puede decir que la historia que subyace en el fondo de ‘La mujer invisible’ carezca de buenas ideas, más bien al contrario: prescindiendo por completo del estilo y las características de la película fundacional de la serie, la historia presenta numerosos elementos nuevos y originales. De manera sorprendente, el primer cuarto de hora de metraje resulta modélico: el director A. Edward Sutherland (1895–1974) imprime al relato un ritmo endiablado y presenta a los distintos personajes que intervienen en la acción de manera espléndida en prácticamente una sola secuencia: el mayordomo de Russell, George (Charles Ruggles, 1886–1970), resbala por las escaleras con una botella de champán vacía segundos antes de que el administrador de la familia haga acto de presencia en la mansión para comunicar a su propietario la bancarrota económica tras su último lío de faldas; Richard Russell aparece poco después vestido como si fuera a una fiesta y sin en el menor atisbo de preocupación, y por el diálogo conocemos la existencia de Gibbs –“lo heredé de mi padre”, dice el ya exmillonario–, que vive en una casa contigua a la mansión.
El problema, a partir de este momento, radica en el tratamiento de la historia, o mejor en su inexistente tratamiento: establecidas las coordenadas en las que se va a desenvolver el relato, éste no acaba de progresar en ningún momento y sus ideas más interesantes, incluso su nada desdeñable potencial cómico, se diluye en un mar de tópicos y de lugares comunes hoy ya completamente desfasados. Intentando rescatar a su patrocinador de la ruina económica, el Profesor Gibbs publica un anuncio en el periódico: “Se busca una persona que quiera volverse invisible, sin remuneración”. La única respuesta seria que obtiene es de alguién llamado K. Carroll: Gibbs está convencido de que se trata de un hombre, pero en realidad es una mujer, Kitty (Virginia Bruce, 1910–1982), que sólo pretende hacerse invisible para dar un merecido al antipático y estúpido jefe de la agencia de modelos para la que trabaja, el Sr. Growley (Charles Lane).
Con una falta de sutileza desarmante, la trama se reduce a partir de este momento al ridículo romance que se establece entre Kitty y Richard (la escena en la cuál ella se pone sólo las medias delante de la chimenea para que él vea lo atractiva que es resulta tan sensual como bochornosa: que haya querido hacerse invisible no quiere decir que sea fea), así como a los no menos ridículos intentos de un grupo de mafiosos establecidos en México para hacerse con el invento para permitir que su jefe, Blackie (Oskar Homolka, 1898–1978) pueda hacerse invisible para volver a los Estados Unidos, país en el que no puede volver a poner los pies. Liderados por Vozarrón (Charles MacBride, 1889–1957), los secuaces de Blackie conseguirán traer la máquina hasta la guarida de su jefe, aunque de camino olvidarán la inyección previa, sin la cuál los resultados del aparato son totalmente imprevisibles (de hecho, lo único que hace es cambiar la voz de la persona expuesta por una voz de pito insoportable). Así, deberán volver otra vez a los Estados Unidos para secuestrar al Profesor Gibbs y de paso también a Kitty, aunque Russell y su criado se lanzarán desesperadamente al rescate.
El único elemento de interés de la propuesta, pues, como ocurre con la mayoría de producciones norteamericanas de serie B del período clásico, radica en la deliciosa galería de personajes secundarios, entre los cuáles destacan el propio Profesor Gibbs, prototipo perfecto del sabio ensimismado y más especialmente el criado de Russell, George, quién tiene los mejores diálogos de la función
La segunda mitad de 'La mujer invisible', como se desprende de un argumento tan delirante como en el fondo insípido, carece de verdadera gracia e incluso de progresión dramática: la trama tira por el camino más previsible en un soso clímax final en la guarida del clan mafioso, en el cuál Kitty –superado el efecto de invisibilidad, puede hacerse invisible en cualquier momento sólo con beber un poco de alcohol– acabará dejando inconscientes a todos los gángsters. Remata el conjunto un epílogo no menos soso en el que se nos muestra a la feliz pareja, ya unidos en matrimonio, con su hijo recién nacido, que al parecer ha heredado la capacidad de hacerse invisible de su madre (al frotarlo con alcohol, el bebé desaparecerá ante los atónitos ojos de los padres). El único elemento de interés de la propuesta, pues, como ocurre con la mayoría de producciones norteamericanas de serie B del período clásico, radica en la deliciosa galería de personajes secundarios, entre los cuáles destacan el propio Profesor Gibbs, prototipo perfecto del sabio ensimismado y totalmente alejado de la realidad, tan bondadoso como ingenuo, y más especialmente el criado de Russell, George, quién tiene los mejores diálogos de la función –¿Le gustaría no tomar una taza de té?– y también las mejores escenas, aunque a falta de otros recursos humorísticos los guionistas le otorgan demasiada presencia en la acción y sus acciones y reacciones al final acaban resultando repetitivas y aburridas.
Completamos, por fin, el ciclo de la Universal dedicado a la invisibilidad. Esta es, sin lugar a dudas, la más floja de la saga (si podemos llamarla así). Una floja comedia que, a pesar de todo, entretiene. "Plan 9" se emborracha de invisibilidad.
Una noche de tormenta, un autobús tiene un accidente y golpea contra un tendido eléctrico, muriendo todos los pasajeros salvo uno, que queda por completo inmune, y que casualmente trabajaba en una feria como Dynamo Dan, resistiendo embates eléctricos. Un científico experto en electricidad decide contratarlo para estudiar su inmunidad, pero el socio de aquél tiene otras intenciones.
Ficha Técnica
Dirección: George Waggner. Productor asociado: Jack Bernhard para Universal Pictures. Guión: Joseph West [George Waggner], basado en el relato “The Electric Man” de Sid Schwartz, H. J. Essex [Harry Essex] y Len Golos. Fotografía: Elwood Bredell. Música: Hans J. Salter, [Charles Henderson, Frank Skinner]. Montaje: Arthur Hilton. Efectos especiales: Jack P. Pierce (maq.), John P. Fulton (vis.). Intérpretes: Lon Chaney Jr. (Dan McCormick / Dynamo Dan), Lionel Atwill (Dr. Paul Rigas), Anne Nagel (June Lawrence), Frank Albertson (Mark Adams), Samuel S. Hinds (Dr. John Lawrence), William B. Davidson (fiscal Ralph Stanley), Ben Taggart, Connie Bergen, Ivan Miller, Chester Gan, George Meader, Frank O'Connor, John Dilson, Byron Foulger, Russell Hicks. Nacionalidad y año: Estados Unidos 1941. Duración y datos técnicos: 60 min. B/N 1.37:1. (V.O.S.E.)
Comentario
“El hombre que fabricaba monstruos” ha pasado a la historia como una discreta pero lustrosa joya de ciencia ficción terrorífica de los primeros años cuarenta, dentro de ese asombroso ciclo de películas producida por la Universal (la saga de “El Hombre Invisible”, el ciclo de “La Momia”, “Drácula”, “Frankenstein”, etc…) que inundaron por aquellos años las salas de cine aprovechando el auge comercial del género de terror, aunque en realidad, como es el caso, se acercan más al cine de ciencia-ficción. Está brillantemente dirigida por George Waggner y protagonizada por el infravalorado Lon Chaney Jr., que poco después realizarían (ambos) la magistral “El Hombre Lobo” (“The Wolf Man”, 1941). A mí personalmente me gusta mucho esta película. Por ello os dejo la review que Carlos Díaz Maroto, de www.pasadizo.comhace del film, que lo borda a la hora de analizarlo. Dice así:
“…El filme ofrece un guión del propio Waggner (con seudónimo) conciso y bien planteado, que desarrolla en imágenes con una enorme elegancia y fuerza. Dada la época, la censura no permitía exhibiciones de violencia desatada, por lo cual muchos de los momentos son ofrecidos de manera elíptica. Ello provoca que la agudeza se dispare, como es en la magistral escena de la ejecución en la silla eléctrica, narrada primero por medio de sombras, y después por las reacciones que provoca en otras personas, inclusive en aquellas que no están presentes en el acto, como son los encargados del fluido eléctrico, que desde su sala miran atónitos cómo los diales se disparan una y otra vez. Destacan también los planos de Lionel Atwill como el científico loco en los cuales redacta en su diario los avances de sus experimentos, planos que muestran al actor saturado de sombras que semejan la telaraña de iniquidad que el personaje va forjando. La película es una obra sin aspavientos ni grandilocuencias, con una narración calma pero irreductible que conduce a un destino aciago de forma directa.
Gran parte del mérito de la película estriba en el subvalorado Lon Chaney Jr., que compone un personaje muy creíble que va involucrándose en los sucesos de manera paulatina. Cuando lo conocemos en el hospital, y después en casa del profesor Lawrence, es un hombre vital y entusiasta, muy alegre y amable, que juega sin parar con el perro de la familia; una vez el malvado doctor Rigas lo tiene bajo su poder, se ofrece como un ser apagado y triste, melancólico, sometido por una fuerza superior, sin ánimos para rebelarse, salvo en la magnífica escena de la encuesta en los juzgados, cuando tiene un conato de rebeldía y muestra su furia contenida durante un leve instante; al final, una vez acontecida la ejecución, Dynamo Dan aparece como un monstruo vengativo, al que domina sólo la furia por buscar la venganza en aquel que lo convirtió en una bestia eléctrica. Fue el primer papel protagonista de Chaney (pese a que en los créditos aparezca el segundo, por debajo del estupendo Lionel Atwill), y el que le condujo al papel de Larry Talbot en El hombre lobo ese mismo añó. Chaney ya había mostrado sus posibilidades como actor, con todo, en la maravillosa “Of Mice and Men” (“De ratones y hombres”, 1939), de Lewis Milestone.
Los efectos especiales, una vez más, son debidos a los dos grandes genios de la Universal, Jack P. Pierce a cargo de los maquillajes y John P. Fulton con los efectos visuales. El primero aplica un aderezo a Lon Chaney que paulatinamente va mostrando los signos de la degradación física de su personaje, con sombras en el rostro acrecentadas por la palidez; Fulton, por su parte, aplica sobre rostro y manos del actor un efecto eléctrico de destello constante, otorgando una intensidad anonadante a las imágenes. El personaje de Dynamo Dan, así, semeja un precedente inequívoco de los archivillanos de los cómics Marvel, en diseño y espíritu, entre los que podríamos destacar a Electro, némesis de Spider-Man que ofrece los mismos poderes, casi, que la presente creación.
En su concisión de una escasa hora, El hombre que fabricaba monstruos es una agradecida, sencilla y directa obra de evasión, una muestra de ciencia ficción primitiva humilde pero sólida que brinda mayor satisfacción que muchas filigranas colmadas de efectos especiales costosos con que hoy en día se nos inunda. Regresar a la sencillez tiene su compensación.”
Un científico (Boris Karloff) injerta en el cuerpo de un profesor muerto (Stanley Ridges) el cerebro vivo de un gángster que acaba de morir; el profesor vuelve a la vida, pero cada tanto tiene atisbos de otra personalidad.
Ficha Técnica
Dirección: Arthur Lubin./ Productor: Burt Kelly / Guión: Curt Siodmak y Eric Taylor./ Fotografía: Elwood Bredell./ Música: Hans J. Salter./ Efectos Especiales: John P. Fulton. /Intérpretes: Boris Karloff (Dr. Ernest Sovac), Bela Lugosi (Eric Marnay), Stanley Ridges (Prof. George Kingsley / Red Cannon), Anne Nagel (Sunny Rogers), Anne Gwynne (Jean Sovac), Virginia Brissac (Mrs. Margaret Kingsley), Edmund MacDonald (Frank Miller), Paul Fix (William Kane), Murray Alper (Bellhop), Joe King (Jefe de Policía), John Kelly (Taxista),… Nacionalidad y año: USA 1940. Duración y datos técnicos: 70 min. 1.37 : 1 (V.O.S.E.)
Comentario
En la triste y mediocre carrera de Arthur Lubin, jalonada por las entregas de la serie de la “Mula Francis”, sólo merecen recordarse la segunda versión de “El Fantasma de la Ópera” (con Claude Rains y suntuosos colorines) y esta “Black Friday” en la que se hace patente la mano maestra del guionista, Curt Siodmak. En este caso, el menor de los Siodmak adaptó libremente el tema de una de sus más célebres novelas de ciencia ficción. “Donovan Brain”, que posteriormente sería llevada a la pantalla en dos ocasiones. En el transcurso de un tiroteo callejero, Kingsley, un profesor de universidad, y un gangster, Red Cannon, son gravemente heridos. Sovac, un médico amigo del primero, intenta salvarle mediante el trasplante de una parte del cerebro del gangster, que inevitablemente muere. La memoria y la personalidad del bandido, en la que se guarda celosamente el paradero de un botín sustraído a Marnay, un matón rival, suplantan las del pacífico profesor quien se transforma en un criminal. Horas antes de ser condenado a la silla eléctrica, Sovac relata en su diario las circunstancias que le llevaron a eliminar al que fuera su amigo. Lo que debiera haber sido otro de los interesantes encuentros entre Boris Karloff y Bela Lugosi, dos pesos pesados a la hora de hablar de cine fantástico, se convirtió en un mano a mano Karloff-Ridley, ya que éstos encarnaron finalmente al doctor y su paciente. En un primer momento Lugosi debía interpretar a este ultimo, e incluso llegó a rodar algunas escenas que fueron desechadas, pero disensiones con el director le relegaron al pequeño papel de Marnay, el gangster rival. Pese a todo, el productor quiso capitalizar la presencia de Lugosi y organizó una verdadera sesión de hipnotismo en el set de rodaje para ofrecer carnaza a la prensa. Fue en vano, el misterio brilla por su ausencia en una cinta que debe más al género policiaco que a la ciencia ficción. "Plan 9" te invita a un transplante de cerebro.
Una nación extraterrestre invade el mundo comenzando por un pueblito pequeño en los Estados Unidos. Pero en vez de una conquista bélica, ellos se mimetizan como un gran número de hombres del pueblo, la mayoría de los cuales está próximo al matrimonio. El objetivo: procrear nuevos seres que puedan prolongar la zozobrante (a causa de la extinción de sus mujeres) raza alienígena.
Ficha Técnica
Director: Gene Fowler Jr. / Productor: Gene Fowler Jr. / Guión: Louis Vittes / Fotografía: Haskell B. Boggs / Montaje: George Tomasini / Efectos especiales: John P. Fulton / Intérpretes: Tom Tryon (Bill Farrell), Gloria Talbott (Marge Bradley Farrell), Peter Baldwin (Oficial Frank Swanson), Robert Ivers (Harry Phillips), Chuck Wassil (Ted Hanks), Ty Hardin (Mac Brody), Ken Lynch (Dr. Wayne), John Eldredge (Capitán de policía H.B. Collins), Alan Dexter (Sam Benson), James Anderson (Weldon), Jean Carson (Helen Alexander Benson), Jack Orrison (Oficial Schultz), Steve London (Charles Mason), Max 'Slapsie Maxie' Rosenbloom (Max Grady). Valerie Allen (Francine), Tony Di Milo (Mr. Potter), Darlene Fields (Caroline Hanks),... / Nacionalidad y año: USA 1958 / Duración y datos técnicos: 78 min. b/n. 1.85 : 1 (V.O.S.E.)
Comentario
Uno puede esperarse casi cualquier cosa de una película con semejante título. Lo que no esperamos encontrar es el alto grado de patetismo descrito y la mirada adulta que Fowler dio al producto final. Ciertas escenas nos retrotraen directamente a “La invasión de los ladrones de cuerpos” del gran maestro del cine de ciencia ficción Don Siegel. El físico de los monstruos aparece la mayor parte del tiempo cubierto por un halo luminoso, que en parte sirve para disimular fallos y para denotar aún más que no son de este mundo. Aún así se entreve un cuerpo esponjoso, los brazos y piernas terminan en tres largos dedos, ojos vidriosos y boca totalmente redonda equipada con una especie de ventosa. Menos mal que toman la forma de la persona poseída, si no, no habría quien los casara… Los efectos especiales son bastante malos pese a la original morfología de los seres del espacio. Hay una imagen genial que posteriormente ha sido repetida en varias decenas de películas. Consiste en que Bill se da cuenta de que un vecino humano les está vigilando (en una escena anterior había escuchado a su mujer decir que había visto un adonis tentacular) desde el jardín. Asomado a la ventana observa al humano, y la instantánea luz de un relámpago deja ver al monstruo durante unos terroríficos segundos. La mayor parte de “Me casé con un comunista”, perdón, de “Me casé con un monstruo del espacio exterior” está basada en el punto de vista de la mujer. Sin embargo, los años le pesan al metraje y no conseguimos empatizar totalmente con la lucha silenciosa y tímida de la chica guapa frente a la horrenda invasión alienígena. En la boda sólo habrá ocho invitados (es un detalle que no sé hasta qué punto puede ser considerado un fallo). Hay escenas que se supone que ocurren durante la noche y que se ve que han sido claramente rodadas a pleno sol (pese al uso de la técnica “day-for-night” tan típica de la época de rodaje). Por último, todos los efectos producidos por la invasión desaparecen o son olvidados una vez que ésta es abortada. Me explico: Marge besa a Bill como si no hubiera pasado nada. Un año de sus vidas perdido, teniendo en cuenta que ha estado casada y acostándose con un ser de otro planeta no se le plantean dudas acerca de con quién se casó (si es que es ése el verdadero Bill). El guión resulta ciertamente inconsistente en algunos momentos del metraje; sin embargo, la trama general es bastante interesante. El film funciona y es recomendable tanto si eres aficionado a la ciencia ficción como si no. Los malos efectos especiales le quitan efectividad y contundencia. El argumento principal es bastante original porque deja de prestar atención al serio contratiempo de la invasión alienígena para centrarse en el profundo disgusto que le supone a una mujer darse cuenta del cambio drástico que ha sufrido su marido desde la noche de bodas. Sus esfuerzos por salvar su matrimonio la llevarán a participar de una auténtica conspiración de tintes paranoides donde cualquiera de los que la podrían ayudar pueden ser enemigos. Una serie B típica del Hollywood de los años 50. El director Gene Fowler maneja bastante bien la acción, que transcurre en interiores y exteriores diversos, así como en los atrevidos interiores de la nave espacial. Una digna hija de la guerra fría y las conspiraciones comunistas en los puebluchos yankees. Por cierto, Tom Tryon, el protagonista extraterrestre decidió dejar de hacer cine y dedicarse a escribir “best-seller’s”, lo cual no se le dio nada mal. Escribió “The other”, de la que también hubo versión cinematográfica y luego volvió a la tele. Bueno sí, pese a que murió en 1991 aparece en una película de 1998 que es un telefilm y segunda parte de la que hoy nos ha ocupado.
El nieto del Hombre Invisible y su pareja, devenidos en agente británicos, utilizan su fórmula secreta para espiar a los nazis tornándose invisibles. Así, en Alemania, logran desbaratar los planes que los nazis tenían para atacar a los Estados Unidos.
Ficha Técnica
Director: Edwin L. Marin / Productor: Frank Lloyd / Guión: Curt Siodmak, según el personaje de H. G. Wells / Fotografía: Lester White / Música: Hans J. Salter / Efectos especiales: John P. Fulton, David S. Horsley / Montaje: Edward Curtiss / Intérpretes: Ilona Massey (Maria Sorenson), Jon Hall (Frank Raymond), Peter Lorre (Baron Ikito), Cedric Hardwicke (Conrad Stauffer), J. Edward Bromberg(Karl Heiser), Albert Bassermann (Arnold Schmidt), John Litel (John Gardiner), Holmes Herbert (Sir Alfred Spencer), Keye Luke (Cirujano), … / Nacionalidad y año: USA 1942 / Duración y datos técnicos: 81 min. B/N 1.37:1. (V.O.S.E.)
Comentario
Todo Hollywood se congregó para dar a América el respaldo y el apoyo moral que necesitaba durante la Segunda Guerra Mundial. Cientos de películas cuyo fin eran la propaganda más pura y dura fueron realizadas para ayudar al esfuerzo de guerra. Un ejemplo muy claro nos lo dan Cedric Hardwicke y Peter Lorre que combinaron sus esfuerzos para el film que nos ocupa, “El Espía Invisible”, interpretando de manera impecable los papeles de villanos De nuevo el personaje de Wells aparece en una historia que de todas las de la saga es la más extraña y la que menos se acerca a la ciencia ficción. Una tensa mezcla de romance, ciencia ficción, comedia y drama de guerra propagandístico, en el que “El espía invisible” es un valiente héroe que lucha por la libertad y en contra de la tiranía… cuando no hace el payaso entre sus enemigos. Porque en realidad, el resultado final se aleja bastante de una película seria de propaganda (el protagonista no es un gran ejemplo a seguir por los espectadores) acercándose más a la comedia con toques de acción y thriller. Frank Griffin III (Jon Hall), el nieto del personaje que interpretaba Vincent Price en el film de Joe May “The Invisible Man Returns”, trabaja en Manhattan bajo el nombre de Raymond. Después de que agentes nazis intentan obtener la fórmula de la invisibilidad heredada por Frank, éste niega al gobierno americano su uso por considerarlo demasiado arriesgado. Sin embargo, tras el bombardeo de Pearl Harbor, Frank se pone al servicio del gobierno y se convierte así en un espía con la capacidad de poder volverse invisible. Todo se complica con la aparición de una hermosa agente, Maria Sorenson (Ilona Massey) y de los espías del eje (Lorre y Hardwicke) A diferencia de la tercera película de la serie, “The Invisible Woman” (pronto en “plan 9”), la película sigue algo de la trama original, con el nieto del científico de la primera película, que es poseedor de la droga que vuelve invisible. El suero es supuestamente el mismo, pero ya no provoca la locura (sería impensable que un superhéroe americano fuera a luchar por los Estados Unidos como una cabra). Está perfectamente controlado. Con una difícil mezcla de comedia y el espionaje, Frank viaja a Alemania donde debería ser casi invulnerable, pero siempre corre riesgos innecesarios debido a su manía de gastar bromas tontas. Eso le resta aún más credibilidad debido a la búsqueda de la risa fácil a lo largo del film. El guión fue escrito por Curt Siodmak (muy habitual en este blog), que había co-escrito la anterior película “The Invisible Man Returns”, en 1940. Siodmak era un refugiado de la Alemania nacionalsocialista, y le dio un fuerte tono anti-nazi que se ve claramente cuando los nazis son tratados como incompetentes bufones. Los efectos especiales, implecables como siempre y una vez más producidos por John P. Fulton, el autor de estos en las anteriores entregas de la saga. En resumidas cuentas, como todas las de la serie, es un film que entretiene, sin pretensiones, con una historia inverosímil a veces, pero que consigue hacer pasar un rato agradable.
UEl hermano de Griffin (John Sutton) es quien retorna en esta secuela de THE INVISIBLE MAN (El Hombre Invisible-1933), interviniendo para hacer desaparecer ante nuestros ojos a un hombre (Vincent Price) injustamente condenado a muerte. El consabido peligro de la inestabilidad mental de quien es invisible, ataca también al protagonista, que enloquece por vengarse del malvado de turno (Sir Cedric Hardwicke).
Ficha Técnica
Director: Joe May / Productor asociado: Ken Goldsmith para Universal / Guión: Curt Siodmak, Lester Cole, Cedric Belfrage, según argumento de Joe May, C. Siodmak, según el personaje de H. G. Wells / Fotografía: Milton R. Krasner / Música: Hans J. Salter, Frank Skinner / Efectos especiales: John P. Fulton, David S. Horsley / Montaje: Frank Gross / Ayudante de dirección: Phil Karlson / Intérpretes: Cedric Hardwicke (Richard Cobb), Vincent Price (Geoffrey Radcliffe), Nan Grey (Helen Manson), John Sutton (doctor Frank Griffin), Alan Napier (Willie Spears), Cecil Kellaway (inspector Sampson), Forrester Harvey (Ben Jenkins), Ernie Adams, Jimmy Aubrey, Billy Bevan, Jean Brooks, Frances Robinson... / Nacionalidad y año: USA 1940 / Duración y datos técnicos: 78 min. B/N 1.37:1. (V.O.S.E.)
Comentario
La película que nos ocupa es la primera de las secuelas de la obra maestra de James Whale “El Hombre Invisible”, basada en la obra de H.G.Wells. Como tal no le llega en verdad ni a la suela de los zapatos al original. En verdad, “El Hombre Invisible Vuelve” no es más que un pobre facsimil de su predecesora, aunque su objetivo, entretener, se cumple con creces. Desafortunadamente, los fugaces momentos novedosos en esta segunda parte simplemente sirven para que el director nos plantee un prototípico final feliz al estilo Hollywood en el que la verdad sale a la luz y los protagonistas vuelven a estar juntos felizmente
Geoffrey Radcliffe (Vincent Price), está a punto de ser colgado injustamente por el asesinato de su hermano, Michael, cuando Frank Griffin (John Sutton) va a visitarle para despedirse de él. Poco después, se descubre que Geoffrey se ha volatilizado. Mientras Geoffrey intenta limpiar su nombre, utilizando la invisibilidad para ello, Frank intenta desesperadamente encontrar un antídoto para el suero de la invisibilidad que dio a Geoffrey (desarrollado por el tío de Frank, John, nueve años atrás) antes de que el ingrediente clave del suero, el Duocane, provoque la locura en él.
Dirigida por Joe May y escrita por el archiconocido Kurt Siodmak, nos encontramos con una película que se acerca hacia el cine policiaco más convencional (hombre injustamente acusado que huye para limpiar su nombre), al que se le añaden el toque fantástico y sci/fi en los momentos en los que el hombre invisible entra en acción. Memorables son sus desapariciones y apariciones, el cerco policial y por supuesto, la escena en la que el hombre invisible le roba la ropa a un espantapájaros. Todo ello está realizado con corrección y profesionalidad. A destacar las excelentes interpretaciones de Cedric Hardwicke y Vincent Price.
Pero está claro que es, una vez más, excusa para exhibir los magistrales efectos fotográficos de John P. Fulton, tan buenos como en la anterior, mas intentando superarse. Así, junto a los efectos ya habituales, el momento cumbre lo constituye la reaparición final, mucho más trabajada a todos los niveles: así, lo primero que se percibirá del hombre invisible es el ingente entramado de venas, después aparecerá el armazón muscular y, al fin, el rostro del personaje -la única vez que veremos a Vincent Price-. En efecto, exactamente igual a como sucede en la reciente El hombre sin sombra (The Hollow Man, 2000), de Paul Verhoeven, sólo que, si en esta última, el trabajo era efectuado por un ingente grupo de especialistas informáticos, en el film que nos ocupa el responsable es un solo hombre y de modo artesanal...
En definitivas cuentas, una película bien hecha, correcta y, sobre todo, entretenida.