martes, 20 de julio de 2010

Lust For A Vampire (1971) (V.O.S.E.)





sinopsis:

A un internado femenino centroeuropeo sito en el antiguo señorío de los Karnstein (a los que, en vida, sus vasallos no tenían en gran estima, la verdad), llega una nueva joven llamada Mircalla. Poco después comienzan a suceder extrañas cosas...

Y no digo más, aunque cualquier puede imaginárselo, ejem...





Ficha Técnica

Director: Jimmy Sangster / Productora: HAMMER Films / Guión: Tudor Gates (basado, muy libremente, en el relato "Carmilla" de Joseph Sheridan Le Fanu / Fotografía: David Muir / Música: Harry Robinson / Montaje: Spencer Reeve / Intérpretes: Yutte Stensgaard, Ralph Bates, Suzanna Leigh, Barbara Jefford, Michael Johnson, Helen Christie, Pippa Steel, David Healy, Harvey Hall, Mike Raven, Jack Melford, Michael Brennan, Judy Matheson, Christopher Cunningham, Erik Chitty, Caryl Little / Nacionalidad y año: Reino Unido 1971 / Duración y datos técnicos: 95 min. Color Versión Original en inglés con subtítulos en castellano en archivo aparte.




Comentario



En torno a 1969-1970 el género de Terror sufrió una serie de transformaciones que lo modificaron y condicionaron para siempre. De alguna manera (en mi subjetiva y discutible opinión) el cambio de década supuso un punto de inflexión, un límite, una frontera perfectamente definida que marcó un antes y un después.

El viejo terror clásico dio paso a nuevas formas, nuevos argumentos, nuevos modos, abandonando los escenarios y estéticas anteriores. El entrañable y queridísimo Gótico Italiano pasó a mejor vida, mientras el Giallo (que mezclaba el terror propiamente dicho con el suspense, el tema policiaco y cierto tremendismo visual) tomaba el relevo. Las viejas historias de vampiros, criptas y cementerios decimonónicos fueron sustituidas por asesinos en serie, monstruos humanos (no sobrenaturales), disfuncionalidades psíquicas y/o sociales y familiares y truculencias explícitas. Todavía no había llegado la eclosión splatter y gore de finales de los 70’s, pero ya podía adivinarse en el horizonte que, tarde o temprano, las sierras mecánicas, los taladros eléctricos y los cuchillos carniceros iban a adueñarse del género en un tiempo más o menos breve.

Estados Unidos comenzaba a recuperarse de su “decadencia” y llamaba de nuevo a las puertas del género, reclamando una posición dominante que había perdido diez, quince, veinte años atrás a favor de Europa (y, principalmente, del Brit-Terror).


En concreto, en las Islas Británicas, todavía detentadoras de la hegemonía, la evolución era evidente. La gloriosa Hammer, que desde finales de los 50’s y durante toda la década de los 60’s había encadenado una joya tras otra con un éxito incontestable, comenzaba a experimentar dificultades. El viejo goticismo marca de la casa no terminaba de enganchar con el nuevo público de jóvenes post-swingin’ London que demandaban emociones fuertes y erotismo explícito. La productora no quiso dormirse en los laureles, y comenzó a experimentar tratando de recobrar la hegemonía y el favor de la taquilla. No obstante, a pesar de echarle imaginación a la cosa, nunca renunció en el fondo a la vieja “marca de la casa”, tan querida y característica. Buscó nuevos giros argumentales, como la mezcla de capa y espada con el tema vampírico que supuso “Captain Kronos, Vampire Hunter” o la tremenda “The Seven Golden Vampires” (A.k.a. "Kung-Fu Contra Los Siete Vampiros De Oro" en la que los chupasangres se mezclaban con las Artes Marciales e, incluso, con el western. Vamos... el sueño de un chaval de ocho o nueve años en los 70's hecho realidad), actualizó el personaje estrella de la casa, el buen y viejo conde Drácula, ambientando sus aventuras en la más estricta contemporaneidad (“Dracula 72 A.D.” y “The Satanic Rites Of Drácula”) y terminó asumiendo las nuevas modas satánicas en la estimable e infravalorada (y última película de género que la productoras firmó, por cierto. Su canto del cisne) “To The Devil A Daughter”.

Pero, como ya he dicho, nunca abandonó sus querencias goticistas, sus ambientes centroeuropeos y sus vampiros de toda la vida, con sus colmillos puntiagudos y sus capas negras, como debe ser y comodiosmanda.


Lo que sí hizo la Hammer, en ese cambio de década, fue plegarse al nuevo gusto por lo erótico sin mayor problema. La productora siempre había tenido muy presente ese aspecto (aquellos rotundísimos escotes de Yonne Romain o Dana Gillespie, las piernas perfectas de Barbara Shelley, los impresionantes bikinis prehistóricos de Raquel Welch y Martine Beswick... y ya vale, que me encano...), así que no hubo dificultad en adaptarse a los tiempos. Los camisones se hicieron más trasparentes, los escotes más pronunciados y las situaciones más explícitas. Se ficharon nuevas hammeretes, más jóvenes y dispuestas a desnudarse como las gemelas Collinson (recién coronadas como playmates del mes en Octubre de 1970), la deliciosamente exhuberante Valerie Leon, la pizpireta Madeleine Smith, la tremenda Veronica Carlson, la delicada Yutte Stensgaard o la desarmante Ingrid Pitt y asunto solucionado. Para que la cosa quedase clara, se inició un nuevo ciclo vampírico, el conocido como La Trilogía Karnstein, en el que el personaje de Drácula fue sustituido por el de la famosa vampira creada en el relato homónimo de Joseph Sheridan Le Fanu (desde mi punto de vista, en la creación icónica del vampiro cinematográfico y literario anterior a esa caterva de adolescentes colmilludos y con problemas hormonales que ahora nos aflige y a los homoerotizantes y lánguidos vampirillos de Anne Rice, el vampiro de toda la vida, vaya, tan importante es la novela de Mr. Le Fanu como el Drácula de Stoker). Carmilla, Mircalla, Marcilla, sea cual sea el nombre elegido (todos valen) es, de alguna manera la protagonista de la trilogía, compuesta por tres películas: “The Vampire Lovers”, “Twins Of Evil” y “Lust For A Vampire” y datada entre 1970 y 1971


En la primera (y para mi gusto la mejor de la saga) el protagonismo recae sobre la maravillosa y guapísima Ingrid Pitt, generosa de camisones trasparentes y caricias sáficas. En la segunda son las gemelas Collinson las que se dedican a pegar mordiscos a los que se les ponen por delante y a abrirse el escote del camisón para hipnotizar al más pintado... Y en la tercera, que es la que ahora cuelgo, el papel de vampira rozagante y mollar lo asume la rubia y escandinava Yutte Stensgaard.

No es ésta la mejor película del ciclo, desde luego, pero tiene su aquél...


Sigue siendo puro Hammer. El escenario, como no podía ser menos, es esa Estiria indefinida en el corazón de Centroeuropa, con topónimos y nombres alemanes, pueblos típicos, curas católicos, aldeanos en blusón y mocicas recién sacadas de un cuadro típico. Castillos tardomedievales, criptas góticas y bosques umbríos. Y, en este caso, para sazonar con más picante el guiso, un internado femenino lleno de adolescentes sonrosadas cuyo pecho se agita delicado y rotundo bajo el escote recto del vestido estilo imperio que todas lucen (estamos en el primer tercio del siglo XIX, of course).


Como ya he dicho, la peli paga tributo a su tiempo y a los condicionantes que la Hammer había asumido para mantener la cuota de mercado. Un erotismo soft y en absoluto agresivo que, visto hoy, no sólo resulta inocentón sino hasta un poco ñoño. Y, por si faltaba algo, incluso hay hueco para meter una cancioncilla semipop (más bien easy-listening) para que sirviese de banda sonora ambiental en la escena erótico-pastoril en la que vampira deviene enamorada, ejem (Al fin y al cabo era algo normal en aquellos años. Piensen voacés en “Dos Hombres y Un Destino”, “Casino Royale”, “La Balada De Cable Hogue”, “The Thomas Crown Affair”, etc... Donde menos se lo pensaba uno, saltaba la liebre y aparecía una canción pop. Y algunas siguen sonando deliciosamente bien treinta años después, por cierto).

La señorita Stensgaard no ha pasado a la historia, precisamente, por sus dotes interpretativas. Era una jovencita adorable y sumamente atractiva (y me quedo corto, ejem...) pero limitadísima como actriz. Así que la peli no puede por menos que resentirse de ello; y ni siquiera la presencia siempre eficaz de Ralph Bates y otros secundarios típicos de la Hammer cubre ese flanco. Por otra parte, el argumento es otra variación de la historia de Carmilla que ya se había desarrollado (con diferentes giros argumentales pero con la misma trabazón básica) en las anteriores películas de la mini-saga, las aludidas “Vampire Lovers” y “Twins Of Evil”. Vamos... que “Lust For A Vampire”, como ya he dicho, no es la mejor película de la Hammer (y, de hecho, es la más flojica de toda la Trilogía Karnstein).


Pero... ¡Qué diablos...! Todavía es una cinta de brit-terror de su época dorada. Todavía están ahí todos los detalles y motivos que, no por manidos y comunes, siguen siendo encantadoramente reconfortantes. La fotografía, la ambientación, la corrección narrativa, el respeto por el espectador (del que no se piensa que es un estúpido dispuesto a tragarse cualquier barbaridad). Todo eso sigue ahí.

Y, además, la rubia y juncal Yutte no sería una actriz del método, pero a fe mía que resulta una vampira especialmente sugerente y deleitable (vamos... que al verla venir de frente, más que dejarse morder, lo que uno haría es morderla a ella, ejem...).


Pues eso, mes amis. Que la peli, a pesar de sus deficiencias y limitaciones, sigue siendo perfectamente disfrutable y agradecida. Y una de la Hammer siempre será una de la Hammer, qué coñe...


Está cortada con File Splitter & Joiner. Va en inglés original con subs en castellano en archivo aparte (son los primeros subtítulos que yo hice. En realidad aproveché una traducción previa de un compañero latinoamericano y la modifiqué de cabo a rabo). Se trata de un DVDRip con muy buena calidad de imagen.

Curiosamente, las otras dos películas de la trilogía Karnstein están publicadas en DVD en España (“Las Amantes Del Vampiro” y “Drácula Y Las Mellizas” son los títulos con los que se las puede encontrar), pero ésta tercera no.


Que la disfruten voacés.







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Subtítulos:

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4 comentarios:

Valdemar Daninsky dijo...

No he visto esta película, pero "Las amantes del vampiro" me encantó. Esa belleza tan misteriosa de Ingrid Pitt realzada por sus vestidos (las películas de la Hammer tenían un cromatismo fascinante), lo de morder a los hombres en el cuello y a las mujeres en los pechos... Buen ejemplo de los últimos años de la Hammer.

Anónimo dijo...

Excelente película antigua
Muchas gracias :)

ivan jimenez dijo...

Por favor pueden volver a subir esta plícula? muchas gracias

ivan jimenez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.