jueves, 24 de junio de 2010

Horrors Of The Black Museum (1959) (Dual Español/Inglés)






sinopsis:

Una serie de crímenes inexplicables y carentes de motivación tienen a Londres aterrado y a Scotland Yard completamente fuera de juego. Los asesinatos sólo tienen en común dos cosas: Las víctimas son siempre chicas jóvenes, guapas y "de vida desenfadada" (ejem… estamos en 1959, recuérdenlo voacés) y los métodos empleados para matarlas son, por decirlo de algún modo, bastante imaginativos…



Ficha Técnica

Director: Arthur Crabtree / Productor: Samuel Z Arkoff, Herman Cohen y Jack Greenwood/ Guión: Aben Kandel y Herman Cohen / Fotografía: Desmond Dickinson / Música: Gerard Schurmann / Montaje: Geoffrey Muller / Intérpretes: Michael Gough, June Cunningham, Graham Curnow, Shirley Ann Field, Geoffrey Keen, Gerald Anderson, John Warwick, Beatrice Varley, Austin Trevor, Howard Greene. / Nacionalidad y año: Reino Unido 1959 / Duración y datos técnicos: 95 min. Color. DVDRip. 


Comentario



Pues otra vez estamos aquí, mes amis, de regreso a esa mítica edad de oro del Brit-Terror que tanto me gusta a mí. Esos años (finales de los 50’s y principios de los 60’s) en los que todo estaba empezando; en los que todo estaba por hacer e imaginar; en los que todo estaba, de hecho, haciéndose y plasmándose ya; en los que todo era, al mismo tiempo, una promesa increíble y una realidad maravillosa. Vamos… algo así como una Fantasía de Rock’n’Roll hecha cine de terror, ejem…

Bueh… ¿Recuerdan voacés lo que les comenté en el post de “Night Of The Eagle”? Sí, hombre, todo ese rollazo acerca de la eclosión del brit-terror y, sobre todo, de sus dos aspectos… Uno elegante, contenido, sobrio, elusivo, civilizado, tan presentable y serio como un coronel retirado del ejército de Su Graciosa Majestad aficionado al bridge y a las antigüedades que mata las tardes tomando el té con sus vecinos y los fines de semana juega al cricket con sus antiguos compañeros de armas. Y otro exagerado, tremendista, alborotador, truculento, incluso un puntico gamberro, talmente como un cockney barriobajero, con su chaleco de colores chillones, su pinta de cerveza y su insolencia acanallada. Tan rematadamente british el uno como el otro, por cierto (de la misma forma que tan británicos son David Niven, Lawrence Olivier, Bryan Ferry, Alec Guinnes, los Monthy Python, Sandie Shaw o un educado bobbie con su casco alargado por un lado como Leo McKern, Amy Winehouse, Richard Burton, Tom Jones, Johnny Rotten, Benny Hill o un hooligan borracho de minivaciones de fin de semana en Barcelona por otro). Ese doble aspecto de la imagen que los británicos han terminado proyectando (y cultivando) hacia el exterior lo ha encarnado, como nadie, don Michael Caine, por cierto (y que Allah lo bendiga). Pero bueh… a lo que vamos, que me disperso…


Los británicos han sido, en esto del terror, unos auténticos maestros para toda Europa (y para el resto del mundo civilizado, ejem). Y no hablo sólo de cine. En literatura también les cabe el honor de haber codificado, desarrollado y perfeccionado el género hasta sus últimos límites. Ellos inventaron el Gótico, llegaron a lo más alto con las Ghost-Stories victorianas y pusieron la semilla para todas las renovaciones que vinieron después a base de Machens, Blackwoods y lo que hizo falta. Coñe… Hasta en el terror moderno y estrictamente contemporáneo sigo prefiriendo a Ramsey Campbell o Clive Barker antes que a los (inevitables) americanos…

Pero, no obstante, no todo en esta historia es tan perfecto y tan exquisitamente elegante. Ni mucho menos.

Al mismo tiempo que Dickens, Le Fanu, M.R. James, Benson, Stocker o De La Mare elevaban los cuentos de miedo a la categoría de una Bella Arte para que la recién creada clase media pudiese disfrutarlos sin remordimientos, la gente normal, los tenderos, los carboneros, los conductores de coches de caballos, las criadas, los soldados rasos, las verduleras, las niñeras, los mozos de cuerda, las modistillas y los matones de barrio consumían otro tipo de literatura… Ligeramente diferente… Los “Penny Dreadfulls”, les llamaban. Una versión británica de los folletines “continentales” con toques de lo que aquí, en las Españas, llamábamos “novelas de cordel”. Uséase, historias tremebunda, llenas de sangre, explicitudes varias, mozas en paños menores, violencia, crímenes, tripas arrancadas a lo vivo (y enterradas en el corral, of course), cabezas cortadas, violaciones de huerfanitas, desollamientos y finales catárquicos.

No era tanto una moda como una necesidad de experimentar “emociones fuertes” (ya digo que en el resto del continente existió exactamente lo mismo… aunque recibió otros nombres). De hecho, no anda tan lejos del actual gusto por la explicitud carnicera y de la deriva que el género cinematográfico (y, hasta cierto punto, el literario) parece haber tomado en los últimos treinta años. Vamos… que no hemos inventado nada, mes amis. Y que la historia se repite una y mil veces…

Añadid a eso que, más o menos por la misma época, en la dulce Francia surgió un género teatral (por llamarlo de alguna manera) bastante peculiar… El “Grand Guignol”, le llamaron (¿Os suena?). Algo así como una versión de lo que ahora conocemos como gore (literal) pero al estilo del siglo XIX. Historias (por llamarlas de alguna manera… en realidad no eran tales, sino simples “cuadros escénicos”) que no consistían en otra cosa que en despedazamientos, desollamientos, desmembramientos, destripamientos, descabezamientos y todos los “des-amientos” que voacés puedan imaginar… Y litros y litros de salsa de tomate, of course. Con todo lo que de desarrollo de los efectos especiales la cosa trajo, que no fue poco… Después de esto, ¿Alguien sigue pensando que la pólvora se inventó justo a los doce años de nacer él… y que se acuerda del día porque lo dijeron en el telediario? Pues eso…


Bueh… ¿Y para qué todo este rollo, todas estas cosas que, en cierto modo, ya he dicho otras veces? Pues para presentar esta peli que ahora posteo (a medias con un amigo argentino llamado Lord Of Bedlam, pues él fue el autor del montaje), mes amis. Efectivamente, si “Night Of the Eagle”, “Night Of The Demon” o “The Innocents” eran perfectos ejemplos de ese brit-terror elegante, elusivo y contenido que buscaría sus antecedentes en las no menos elegantes, elusivas y contenidas Ghost-Stories victorianas del siglo XIX, “Horrors Of Black Museum” (como “Circus Of Horrors”, “Blood Of The Vampire” y otras) es una antológica representante de esa otra tendencia, la tremendista, enloquecida, truculenta y hasta un tantico gamberra, que también tiene sus referentes en el siglo anterior, pero en este caso en los aludidos Penny Dreadfulls.


El argumento maneja sin ningún tipo de vergüenza elementos perfectamente típicos: el mad doctor de turno, los crímenes inexplicables, los experimentos bizarros (ese extraño mejunje que, inyectado, convierte al paciente en un asesino vesánico), el sótano que es, a la vez un museo de cera, una sala de torturas y el laboratorio del científico loco y hasta un cierto erotismo sádico y bastante misógino (muy propio de la época y que juega, además, con cierto toque “moralizante” más o menos pedrestre… Ya saben voacés eso de que “las chicas que llevan malos pasos terminan mal…” ejem). Y aporta el toque truculento y sensacionalista con las peregrinas formas que el malo tiene de asesinar a las chicas… Ahí es donde el espíritu del Penny Dreadfull se encuentra cara a cara con los hallazgos del Grand Guignol (y donde todos salimos ganando y disfrutando como unos críos… ejem). Porque ya me dirán ustedes si los métodos empleados no son verdaderamente impactantes: El binocular del que surgen dos afiladísimas agujas que atraviesan los ojos (y el cráneo, of course) de la desgraciada chica; la originalísima guillotina de bolsillo con el que la cabeza de la rubia June Cunningham es separada de su tronco (colocada en el cabezal de la cama… Verdaderamente, el asesino se toma sus molestias, maeses); la sempiterna e inevitable cuba llena de ácido disolvente (todo un clásico). Cosas así… En cualquier caso, recordad que estamos hablando de 1959, así que nadie espere tampoco explicitudes que todavía iban a tardar mucho en llegar… Pero el punto truculento y sanguinario ya está ahí, que conste.


En algunas reseñas y críticas he leído que la peli guarda cierto parentesco con las producciones americanas de la AIP de la época. No tanto las de tema terrorífico (que eran prácticamente inexistentes, la verdad) como las protagonizadas por jóvenes y adolescentes y que aprovechaban el recién descubierto advenimiento de la cultura pop (hablamos de los años en los que nace el Rock’n’roll y la subcultura juvenil adquiere auténtica carta de naturaleza como algo diferente, con personalidad propia). Pero yo no lo tengo tan claro. Es cierto que su ambientación transcurre en la época actual (1959, of course) y que con eso se aleja totalmente de lenguajes que el brit-terror de aquellos años estaba manejando, como el goticismo o los temas sobrenaturales. También es verdad que menudean los jóvenzuelos por la peli, chicos y chicas que parecen recién salidos de una de esas producciones yanquis ambientadas en una High School y en la que siempre aparece un cameo de alguna estrella del recién estrenado Rock’n’roll… Y por último, he de reconocer que la escena del baile de June Cunningham en el bar, frente a la gramola, también tiene cierto resabio rockerista y cincuentero de serie B… Sí… Pero sigo pensando que esos detalles no bastan para emparentarla con algo que, desde mi punto de vista, no tiene nada que ver. Y que la peli es, en realidad, lo que antes he apuntado: una actualización perfectamente plausible de la tradición británica de las Penny Dreadfulls con un evidente toque grandguinolesco. Pero vamos… es una opinión…

No obstante, sí hay una cosa que la relaciona con las producciones yanquis del circuito de los autocines y el mercado adolescente. Una cosa que, desgraciadamente, no podemos apreciar en la versión que maese Lord Of Bedlam y yo hemos colgado… Y es el recurso a uno de esos trucos publicitarios e impactantes tan habituales (esta vez sí) en el cine de serie B americano de finales de los 50’s: los Gimmicks. Como ya sabéis, los gimmicks (cuya invención se atribuye al inefable William Castle) no eran otra cosa que trucos bastante desvergonzados para promocionar una película a base de efectos más propios de un parque de atracciones que de una sala de cine. Todo aquello del Tingler (un mecanismo que hacía que las butacas vibrasen en determinadas escenas) o de los esqueletos que sobrevolaban al público… Chifladuras maravillosas que, aunque no mejoraban en nada unas películas que en lo artístico dejaban bastante que desear, ayudaban a los adolescentes que acudían a verlas a pasar un rato divertido, a echar unos gritos y unas risas y a sentir cómo se te agarraba la chica que tenías al lado (y a sentir el roce de su cuerpo, ejem… ). Bueh… Castle era un auténtico genio en eso de los gimmicks, pero lo cierto es que no fue el único en utilizarlos. La cosa conoció su edad de oro en la época y abarcó otro tipo de trucos, menos físicos pero más “perdurables”… Las famosas gafas de cartón con dos colores para ver las pelis en tres dimensiones fueron uno de los que más fama alcanzaron; y ahí las tenéis todavía (Y si no sacad una entrada para ver esa cosa que han estrenado y que se titula Avatar… Si no tenéis nada mejor que hacer, of course).

En “Horrors Of The Black Museum” el gimmick empleado fue bastante original. Según contaban los carteles, la peli estaba rodada con una nueva técnica denominada Hipnovisión (sic). Para que ese tipo de fotografía desarrollase todo su potencial, al inicio de la cinta aparecía en pantalla un hipnotizador que sometía a trance a todos los espectadores de la sala, de forma que cualquier que viese la peli lo hacía bajo influjo hipnótico (implicándose en el argumento hasta el punto de creer que lo estaba viviendo de forma real… O algo así).


Como ya he comentado, en la versión que hemos colgado no aparece esa secuencia inicial. Durante un tiempo pensé que, de hecho, tal vez no era parte de la película… y que el hipnotizador se presentaba “en persona” en la sala de cine (un poco al estilo de los gimmicks de Castle) y sometía a hipnosis colectiva a todos los espectadores. Pero no… era tal como os lo he comentado antes. Se trataba de imágenes filmadas y una penetrante voz en off. De hecho, la “versión original” duraba unos minutos más, supongo que las que tardaba el hipnotizador en “realizar su trabajo” (y, quizás, al final, en volver a despertar a la gente, jejejeje).


La peli que ahora colgamos va en dual castellano (español de España ) e inglés. Yo tenía un archivo .avi doblado, y un compañero argentino llamado Lord Of Bedlam otro en inglés original. Aunque ambos eran (o pretendían serlo) DVDRips, lo cierto es que la versión de Lord Of Bedlam tenía una mejor calidad de imagen (la Hipnovisión era más clara, jejeje), de forma que intercambiamos los archivos, comparamos y llegamos a la conclusión de que lo ideal era montar el audio castellano sobre la peli original. El mérito del montaje es de mi amigo Lord Of Bedlam.

La calidad de imagen es muy buena (aunque he de advertir que el tipo de fotografía usado resulta un poco añejo. Menos nítido de lo que estamos acostumbrados a ver. En cualquier caso, yo creo que la cosa ayuda a dotar a la peli de mayor encanto. E insisto en que hemos utilizado la copia que mejor calidad tenía, la de Lord Of Bedlam). Está troceada con el Winrar y subida a Megaupload.


Pues eso. Esperamos que la disfrutéis tanto como nosotros. No encontramos subtítulos en castellano (aunque sí en italiano y en francés. Cualquier día, si tengo tiempo, me pondré a traducirlos).








Links descarga




(Megaupload)


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8 comentarios:

DAVIDEOMUSIC73 dijo...

gracias por esta peli que tenia hace casi 2 decadas original en vhs,pero era de esas tantas que te gastabas 2000 castañas y luego eran masters malos que aveces pierde hasta el color desde la primera vez.impagable trabajo,y lo mas importante, abierto a todos

Ana dijo...

Hola, tengo problemas con el quinto link de la pelicula. He intentado bajarlo tres veces y no puedo. No tuve problema con ninguno de los otros.

Ana dijo...

Encontré un errorcito, el primer link pertenece a otra pelicula, o sea que los 5 siguientes links (2-6) son los que corresponden a Horrors of the black museum. Es el 4 el que no pude abrir.

El Ente Dilucidado dijo...

Efectivamente. La película sólo tiene 5 partes. La primera es espúrea...
Ignoradla y no tendréis ningún problema. Bajaos sólo los links 2 a 6.

Ana dijo...

problema solucionado...y de paso, felictaciones por la clasificación

lagry dijo...

acabo de descubrir su gran blog !!

me cago en dios, qué apoteósico es esto !!!

mil gracias por el curro que usted se pega, no está pagado

lástima que mi Jdownloader esté ahora un poco tontorrón con los rapidshares

JALOBE dijo...

Que excelente comentario de la película!!
Felicitaciones por el esfuerzo y el tiempo dedicado.
Personalmente, lo que siempre me agradó de los films británicos de horror, fue la generosidad con que se mostraba la anatomía femenina.
Mientras que en los pacatos films de terror yanquis, la única forma de ver una teta era si un granjero aparecía ordeñando una vaca, en esos mismos años los británicos se despachaban con pulposas señoritas haciendo gala de sus dotes.
Yo recuerdo particularmente uno de los Dráculas de la Hammer (no recuerdo exactamente cuál) en que el gran Christopher Lee convertido en murciélago, se ensañaba con una espectacular rubia arañandole y rasgandole el escote, cosa que todos los espectadores sentimos deseos de hacer no más empezar la película. Un abrazo y felicitaciones una vez más por la reseña.

Anónimo dijo...

hola. podrias resubir la pelicula,
llegue tarde. ok un abrazo