Nuevo repost de un clásico ya posteado antes. En versión dúal y con los subtítulos aparte (dentro del archivo rar), que incluye además el corto “THX 1138 EB”, realizado por Lucas cuando estudiaba y sobre el que está basado este film.
Si preferís la versión doblada al español, sólo debéis ir al post original, a través de este Link
sinopsis Siglo XXV. En una central de fabricación de robots, uno de los operarios llamado THX 1138 comete un error debido a una incorrecta administración de las drogas legales que le son suministradas habitualmente por el gobierno. Detenido y encarcelado junto a otros delincuentes cuyos delitos resultan ser insignificantes, THX 1138 decide buscar una salida a ese mundo de pesadilla autárquica…
Ficha Técnica Director: George Lucas / Productor ejecutivo: Francis Ford Coppola para American Zoetrope – Warner Bros. / Guión: George Lucas, Walter Murch, según argumento de G. Lucas, basado en el guión de G. Lucas / Fotografía: Albert Kihn, David Myers / Música: Lalo Schifrin / Montaje: George Lucas / Intérpretes: Robert Duvall (THX 1138), Donald Pleasence (SEN 5241), Don Pedro Colley (SRT, holograma), Maggie McOmie (LUH 3417), Ian Wolfe (PTO, prisionero), Marshall Efron, Sid Haig, John Pearce, Irene Forrest, Gary Alan Marsh, Johnny Weissmuller Jr., David Ogden Stiers... / Nacionalidad y año: USA 1971 / Duración y datos técnicos: 88’ C 2.35:1.
Comentario La andadura de los estudios “American Zoetrope” se inició en los años 1960, en San Francisco. Francis Ford Coppola, un joven director promesa, convenció a Warner Bros para ayudar a financiar y distribuir un grupo de películas realizadas por los nuevos cineastas que había reunido a su alrededor. Coppola había terminado con éxito la producción de su film “El Valle del Arco Iris" (‘Finian's Rainbow’. Francis Ford Coppola, 1968), y su propuesta sonaba bien en una época en la que el cine necesitaba y buscaba desesperadamente cambios sustanciales en sus propuestas. Pero todo resultó un fiasco, causas perdidas. Y muchas de las películas de American Zoetrope ni se hicieron, y las que sobrevivieron no tuvieron demasiado éxito. Warner Bros., tras haber decidido abandonar el experimento de San Francisco, no respalda esas producciones con mucho entusiasmo. El mayor batacazo fue el film de George Lucas: "THX-1138", una parábola de ciencia ficción que se desarrolla en el siglo 25 y que tiene un lenguaje visual muy certero y una escenografía magistral
La fuerza de la película no está en su historia, sino en su inquietante y extrañamente eficaz estilo visual y sonoro. La historia mantiene los estándares de la ciencia ficción: Cinco siglos en el futuro, la humanidad vive en ciudades subterráneas que son programadas por computadoras y vigiladas por robots. El individuo es sustituido por el conjunto y así, los ciudadanos son obligados a tomar drogas para inhibir sus pasiones, pero THX 1138 (Robert Duvall) y su compañera LUH 3417 (Maggie McOmie) reducen sus raciones de drogas y descubren que tienen apetitos sexuales. Peor aún, está en el amor.
Lo que sigue es una batalla contra el sistema informático centralizado, la lucha contra los robots policías, y una ¿persecución hacia la libertad? Nada de esto es muy original, porque revisando el guón podemos comprobar que el tema de la alineación humana, la distopía total es un tema manido que ha sido tratado de manera más profunda por Orwell, Ray Bradbury o Philip K. Dick, entre otros innumerables escritores.
Esta película en sí es un excelente ejercicio de realización que parte de la anterior experiencia adquirida como estudiante cinematográfico de Lucas con su cortometraje “THX 1138 EB”.
Hay que añadir que el sonido ayuda a crear ese efecto de distancia, de despersonalización. La gente mantiene un tono impersonal, como si la droga les hiciera indiferentes a todo lo que les rodea. Sólo los anuncios de televisión tienen vitalidad, fuerza, vida con el objeto de transmitir confianza.
A destacar también el importante reparto encabezado por el gran actor Robert Duvall y el secundario (pero no menos famoso) Donald Pleasence, cuyos personajes son muy bien interpretados, y son de lo mejor de este título junto a la extraordinaria y nada convencional música de Lalo Schifrin y, por supuesto la ambientación de la ciudad que consigue crear un ambiente opresivo simplemente con ese blanco luminoso que casi llega a cegar y puede llegar a provocar angustia y claustrofobia.
En conclusión, “THX 1138” no es una típica película de ciencia-ficción hecha para un público convencional, de ahí su sonado fracaso en taquilla y su conversión en película de culto en años posteriores. A mí personalmente, me gusta.
THX-1138 4EB es un corto dirigido por George Lucas en 1967 mientras que estudiaba en la Universidad de California meridional. Rodada en 16 mm y con una duración de 15 minutos fue el germen, el origen de THX 1138.
Este cortometraje nos muestra una huída, el afán de escapar de 1138 de su mundo frío y distópico y los esfuerzos que hacen las autoridades para detenerlo.
Fue rodado en puertas de acceso y garajes subterráneos del Aeropuerto internacional de Los Ángeles para representar una ciudad subterránea en un futuro distópico.
Este corto fue primordial para que Lucas fuera contratado por la Warner y pudiera rodar "THX 1138".
Un grupo de motoristas, al estilo de los Ángeles Del Infierno (pero en este caso denominados Los Abogados Del Diablo), recorren el suroeste de los Estados Unidos buscando líos, bebiendo cerveza y asustando a las viejas. En éstas que su despreocupado deambular les lleva hasta una zona boscosa donde reside una curiosísima comunidad monástica de adoradores de Satán. Al principio, los motoras son recibidos con hospitalidad por los extraños monjes, que les ofrecen pan y todo el vino que quieran; pero la participación de una de sus chicas en los ritos diabólicos de los frailes hace que la cosa termine mal. Tras apalear a la congregación entera y “rescatar” a la moza (que estaba bailando, totalmente desnuda, una sugerente danza con una serpiente subida en una especie de altar), los motoristas se largan de allí y se internan en el desierto, decididos a ir en dirección este y a continuar su periplo hasta Florida.
Pero no saben que su estancia en el extraño monasterio satánico ha tenido sus consecuencias. Y que sus problemas no han hecho sino empezar…
Ficha Técnica
Director: Michael Levesque / Productor: Stuart Fleming para South Street Films Inc. / Guión: Michael Levesque y David Kauffman / Fotografía: Isidore Mankofsky / Música: Don Gere / Montaje: Peter Parasheles / Intérpretes: Stephen Oliver, D. J. Anderson, Gene Shane, Barry McGuire, Billy Gray, Anna Lynn Brown, Gray Johnson, Owen Orr, Severn Darden, Ingrid Grunewald, Leonard Rogel, Tex Hall, Dan Kopp / Nacionalidad y año: Estados Unidos 1971 / Duración y datos técnicos: 85 min. Color. (V.O.S.E.)
Comentario
El otro día, cuando maese Zer subió la bizarrada de Kiss Me Quicky, despertó mis bajos instintos y mi aficion contumaz por las rarezas kitsch y psicotrónicas.
Es cierto que todas las pelis que he posteado son de terror, que no son ganadoras de Óscars ni momentos cumbre del séptimo arte (bueh... de alguna habría que discutirlo) y que arrastran el sanbenito de ser "cine de género y de evasión" (¿Y qué pasa...? Ésa es la grandeza del cine. Cuando lo olvida suele degenerar en pestiños insoportables, ejem). .
Pero,en cualquier caso, he intentado mantener un cierto nivel, reivindicando joyas que a mí me parecen de una dignidad fuera de duda, cada una por sus razones en realidad,
No obstante, también me gusta el desfase y la bizarrada pop, mes amis. Y de vez en cuando me doy un homenaje con alguna de esas oscuras exploits yanquis (o de otras nacionalidades) que, a pesar de los pesares, merecen ser reivindicadas. Siquiera sea por su frescura, desvergüenza y capacidad de diversión.
Bueh... Pues para nadar entre dos aguas, encendiendo una vela a Dios y otra al diablo, aquí traigo una cinta americana de 1971 que podría pasar por un claro ejemplo de psicotronismo y, al mismo tiempo, mantiene un nivel más que razonable.
Y es que a pesar de lo que a primera vista pueda parecer (por su título y por ese aspecto kitsch y enloquecido del cartel original) Werewolves On Wheels no es, exactamente, una marcianada. Por decirlo de alguna manera, es una especie de puente, de término medio, entre las pequeñas joyas reivindicables y dignas que suelo subir (o eso creo yo... que son reivindicables y dignas, digo) y las chifladuras psicotrónicas y abizarradas que, de vez en cuando (y por nuestra propia salud mental. Esto es un consejo de amigo...) hay que frecuentar.
No sé si aquí hemos hablado alguna vez (me disperso en varios sitios, y estoy cada día más viejo) sobre esa corriente subterránea y semidesconocida de películas de tema satánico y brujeril que alumbró el cine americano entre 1965 y 1975. Al respecto siempre comento que, por acotar cronológicamente el subgénero de una forma ilustrativa (pero incorrecta y sin ninguna sutileza), podríamos situarlo entre la aparición de "La Semilla Del Diablo" (1967) y el estreno de "El Exorcista" (1973). Curiosamente se trata de películas que abordaban el satanismo y la brujería desde un punto de vista muy curioso y totalmente diferente al de las dos que he nombrado (insisto: el empleo de ambas para “encapsular” temporalmente el subgénero es tramposo. Hay películas de ese estilo anteriores a 1967 y posteriores a 1973. Pero la peli de Polansky y la de Friedkin sirven maravillosamente como señales de orientación).
Estas películas de las que hablo abordan el tema del culto a Satanás influidas por la estética y las modas de su tiempo (la segunda mitad de los 60’s, la psicodelia, el renacer de las creencias mágicas, el revival de las viejas teosofías de finales del siglo XIX, el neopaganismo, la aparición de la Iglesia De Satán de Anton LaVey, la liberación sexual) y, sobre todo, presentan a los adoradores del diablo como comunidades organizadas, autoconscientes y situadas, siempre, en parajes rurales aislados (comarcas montañosas, bosques, desiertos, etc). Lugares, por lo común, ubicados en un medio-oeste indefinido o en el Sur Profundo; como una especie de trasunto de las comunidades rurales tradicionales (todo eso de los hillbillies y los rednecks americanos. Los habitantes de esa América profunda y encerrada en sí misma que pueblan determinado imaginario estadounidense y que en los años 60’s y 70’s adquieren, en muchísimos casos, connotaciones evidentemente negativas, asociadas al conservadurismo político, el fanatismo religioso y el rechazo a la modernidad).
Suelo citar siempre las mismas películas como ejemplo: "Blood Sabbath", "The Brotherhood Of Satan", "The Witchmaker", "Warlock Moon", "The Devil’s Rain", "Invasion Of Blood Farmers", "Enter The Devil", "The Night God Screamed", "Deadmaster", "Race With The Devil" etc. (pelis de serie B casi todas, rodadas con escasos medios, unas mejores y otras peores, pero todas interesantes siquiera sea por su adscripción a esa especie de corriente subterránea de la que hablo).
Y, por supuesto, ésta que ahora posteo: "Werewolves On Wheels".
Porque, efectivamente mes amis, estos “hombres-lobo motorizados” pertenecen, de hoz y coz, al subgénero del que estamos hablando.
Volved a echarle un vistazo a la sinopsis y lo entenderéis. Ahí están los ingredientes a los que antes he aludido. No falta ninguno. Esa comunidad de monjes satánicos que rinde culto al príncipe de las Tinieblas en su aislado monasterio en medio de una zona boscosa, junto al desierto. Los sacrificios sangrientos, los desnudos rituales, los cánticos, las invocaciones en latín, el punto oscuro y mistérico... Y, al mismo tiempo, una cuadrilla de ángeles del infierno con ganas de reñir y de beber cerveza, una buena provisión de marihuana, suficientes dosis de ácido, patillas y melenas largas, carreteras polvorientas, máquinas bien engrasadas, machismo barriobajero y rock’n’roll.
Y, sobre todo, muuuuuucho mal rollo.
En el post de "Neither The Sea Nor The Sand", hace ya unos meses, hablaba de mi querencia por los Crossovers, los cruces de géneros. Bueh... Pues esta película, además, es otro ejemplo de eso mismo, ya que mezcla descaradamente terror (más específicamente del sub-estilo reseñado, satánico y brujeril) con el tema biker, que conoció un curioso auge durante la segunda mitad de los 60’s (aunque tiene gloriosos precedentes, como la mítica "The Wild One" con Marlon Brando convertido en icono juvenil).
Efectivamente, pelis como "The Wild Angels", "She-Devils On Wheels", "Motorpsycho", "Devils Angels", "Savages From Hell", "The Born Losers" y muchas otras conforman un asombroso subgénero creado, sobre todo, por las productoras de serie B tipo AIP (nuestro viejo amigo Roger Corman siempre atento a cualquier novedad que pudiera reportar beneficios, bendito sea por lo demás, jejejeje) durante la segunda mitad de los 60’s. La cosa tuvo su origen en la omnipresencia, en los medios de comunicación (periódicos, revistas y televisiones), de reportajes sobre los desmanes que causaban los moteros e, incluso, la publicación de dos libros del nuevo periodismo tan influyentes como Gaseosa De Ácido Eléctrico (de Tom Wolfe) y Los Ángeles Del Infierno (de Hunter S. Thompson) en el que los bikers aparecían como secundarios importantes (el primero) o como auténticos protagonistas (el segundo). El caso es que entre 1965 y 1970 nuestros amigos motoristas se adueñaron no sólo de las carreteras del medio-oeste y de California sino de un lugar preeminente en el imaginario colectivo americano. Sus largas melenas, sus imponentes máquinas, sus pobladas barbas, sus novias abrazadas a la espalda y sus astrosas cazadoras vaqueras pasaron a formar parte del universo icónico yanqui mientras sonaba el Born To Be Wild de los Steppenwolf y se agitaba la deshilachada bandera de las barras y las estrellas. Frente a la amenaza oblicua e indefinida que representaban los perrofláuticos hippies, los Hell’s Angels eran una evidencia casi reconfortante para la clase media (y la mediana edad) americana. Proto-punks enredadores e incómodos que no se andaban con medias tintas y que arrasaban gasolineras o se liaban a palos con el primero que pasaba, confirmaban (graciasadiós) los peores temores de los “cascos duros” y “la mayoría silenciosa” (términos que se pusieron de moda justo entonces) y demostraban, fehacientemente, que todos esos jovenzuelos melenudos no podían traer sino problemas.
La cosa siguió su curso e, inevitablemente, Corman y otros como él aprovecharon el filón, de manera que los herederos de los antiguos forajidos del Lejano Oeste (según Hunter S. Thompson, ésa era la imagen que los propios Hell’s Angels tenían de sí mismos) acabaron fagotizados por la gran maquinaria, protagonizando películas de bajo presupuesto y reportajes sensacionalistas de suplementos dominicales. Los acontecimientos de Altamont, en 1969, terminaron de demonizar su imagen y los convirtieron, definitivamente, en algo hostil, amenazante y temible.
Bueh… Pues en éstas que hacia 1970/1971 un tal Michael Levesque tuvo la peregrina idea de filmar una peli que mezclase satanismo, ángeles del infierno y escenarios desérticos, añadiendo al caldo un poco de mordiente a base de hombres-lobo. A priori, la cosa parece una locura; ya lo sé. Pero, precisamente por eso (porque uno se espera una barbaridad) la peli resulta divertida, entretenidísima y más digna de lo que podría parecer. En serio.
Tanto Ángel Gómez Rivero en Cuando Llora El Lobo, como Carlos Díaz Maroto en Licántropos En El Cine, nombran esta película y ambos comentan casi exactamente lo mismo (igual de sucintamente, por cierto): “precisamente porque uno se espera lo peor, lo que encuentra es una película simpática y disfrutable; mejor de lo que podía pensarse” (o algo parecido… cito de memoria. Y creo, además, que Carlos Díaz Maroto lo recoge de un crítico americano).
Bueh… Pues a mí me pasó lo mismo. Literal. La película me supuso una auténtica sorpresa.
Protagonizada por actores habituales (lo de “habituales” es un decir... porque tampoco se prodigaron mucho) en series B y Z y por secundarios de series televisivas (*), cuando no directamente por auténticos amateurs sin ninguna experiencia, toda la peli tiene un aire inesperadamente realista, como de cinema-verité casi, casi passoliniano (no os riáis, canallas).
En serio... Hay momentos en los que parece que estás viendo un documental, o uno de esos experimentos docudramáticos de finales de los 60’s. Una mezcla de ficción y realidad filmada con una cámara portátil y cuatro duros de presupuesto con un estilo áspero y totalmente aséptico. Si no fuera por el uso evidente de la música (muy agradecida, por cierto) casi podríamos pensar que estamos ante un antecedente del Dogma de Triers (os he dicho que no os riáis, malditos guasones...).
No sé si todo eso fue algo consciente, buscado por el director, o una consecuencia fortuita derivada del escasísimo presupuesto y de lo disparatado de la idea original. Pero el caso es que los resultados son los que son. Y, como ya he dicho, a mí me sorprendieron gratísimamente.
Posiblemente, esa exigüidad presupuestaria también sea el origen de otro acierto: lo elusivo y contenido de las escenas de violencia y de verdadero terror. Así, los ataques de las fieras que dan título a la película se filman de forma oblicua, ocultando al monstruo y mostrando muy poco. Ya sé que últimamente eso de la oblicuidad y la elusión no es un valor en alza, pero yo soy un viejo pelma y, en esos temas, sigo aferrado a las antiguas convenciones (algo así como “cuanto menos explícito sea lo que está viendo, más inquietante será lo que te imagines”. O algo parecido. Ejem).
Por cierto que cuando se nos muestra cara a cara al lobishome motorista nos aguarda otra pequeña sorpresa: una caracterización realmente entrañable y resultona, muy deudora de la clásica de Lon Chaney y, sobre todo (no es broma), de la que nuestro castizo Paul Naschy estaba encarnando en esos mismos años. Sí, ya sé que también don Jacinto Molina se inspiraba en el mismo referente de los años 40... Pero cuando voacés vean la peli entenderán por qué insisto en la coincidencia (coñe, hasta los movimientos del peludo motora se parecen a los de Waldemar Daninsky cuando se ve aquejado de su particular acceso de hirsutismo).
Eso sí, que nadie se engañe, tanta economía de medios termina pasando factura. Sobre todo al final de la película, que a mí me ha parecido precipitado y pobremente resuelto. Como si se les hubiera terminado el dinero (o la cinta virgen, jejeje) y hubiesen tenido que hacerlo todo deprisa y corriendo, sin tiempo para nada. Desde mi punto de vista, es uno de los puntos más negativos, pero no él único… Hay más, evidentemente. Echadle un vistazo a la sinopsis... La historia que se nos cuenta es, más que simple, raquítica. Los personajes son tan planos como los de una historieta cómica. Las reacciones, más que previsibles son automáticas.... cosas así.
Ah... y otra cosa: Que nadie espere detalles humorísticos en la peli. Ese aire enloquecido y guasón del cartel original y esa frase genial que dice algo así como “Si Eres Lo Suficientemente Peludo, Sólo Te Falta La Moto” (pero de otra forma) son una pequeña trampa. "Werewolves On Wheels" es una película muy seria (o, mejor dicho, pretende serlo) y lo psicotrónico y bizarresco de su argumento y de las situaciones planteadas no degeneran en ningún momento en ese tipo de chifladuras trash que tan buenos ratos nos hacen pasar a veces. A eso (a mantener la seriedad) ayuda el estilo áspero, semidocumental y frío con el que está rodada y al que antes he aludido. En ese sentido, Levesque consigue su objetivo plenamente, mes amis; pero, quizás, un poquico de humor hubiese ayudado algo en el resultado final.
He comentado antes que el uso de la música me parece muy acertado. Maticemos un poco. La banda sonora de la película se compone, básicamente, de un leit-motiv instrumental que me ha gustado mucho y que tiene un aire muy de la época (ese sonido a medio camino entre el raga oriental y las melodías monótonas de los indios del suroeste. Algo que evoca desiertos interminables llenos de cactus, arenas ardientes, un sol inmisericorde, esqueletos de ganado y serpientes de cascabel; todo bien aderezado con guitarras eléctricas y ramalazos fuzz, como mandan los dioses de la psicodelia) y de varias canciones de country-rock en una onda similar a lo que los Byrds habían inaugurado en 1968 con su Sweetheart Of The Rodeo, los Flying Burrito Brothers habían elevado a los altares con sus dos primeros discos de 1969 y 1970 y gente como los Poco o los Eagles cultivaron con éxito durante la primera mitad de los 70’s (los primeros mejor que los segundos, al menos para mi gusto... Los aguilillas ésos siempre me parecieron una banda tirando a ñoña).
El leit-motiv suena, sobre todo, mientras los motoristas ruedan por la carretera, dotando de una atmósfera ominosa, amenazadora y muy eficaz a las imágenes. Los temas country-rock, por el contrario, eliminan tensión y aunque también resultan estimulantes (y un detalle muy de la época, of course) juegan a otro juego y, supongo, pagan tributo al “hip” estéticamente dominante en aquellos años.
Bueh… Y nada más, mes amis. Insistir, eso sí, en que no es una rayada psicotrónica al uso, sino una curiosísima película de terror. Más original, sorprendente, digna, y disfrutable (y algunas cosas más… todas dentro de su humildísima condición de serie sub-B) de lo que podría pensarse a primera vista.
Y basta de brasa por hoy, ejem.
El archivo que ahora cuelgo lo he ripeado yo mismo de un DVD original yanqui. La edición americana contaba con subtítulos en inglés para personas sordas; sólo tuve que extraerlos, adaptarlos y traducirlos.
A ese respecto, tengo que aclarar algo. Los personajes (los motoristas) hablan en una jerga más o menos “juvenil” de finales de los 60’s, manejando continuamente expresiones como “trip” (que, por cierto, ya no se usa... Es exclusivamente de aquella época) y otras por el estilo. He intentado evitar “localismos” nacionales como “rollo” (“todo ese rollo mágico” por “That magic trip”, por ejemplo) o “tío” (“¿Qué pasa, tío?” por What’s up, man?”) pero no siempre lo he logrado... Existe un español más o menos unificado a ambos lados del Atlántico, maeses, pero no existe una coiné “juvenil” o “jerguística” común. Así que no podía recurrir a nada parecido y es posible que se note demasiado mi escoramiento hacia el español europeo. En la medida de lo posible he evitado “tío” recurriendo a “hermano” (que me parecía un término más acorde con la época aquella de finales de los 60’s, además. Aunque ahora nos suene impostado...). Pero no siempre lo he logrado.
El archivo pesa bastante. Lo he subido a Megaupload. La razón de que haya pocos enlaces a pesar de que la peli pesa más de 1 Giga obedece a que ese servidor permite subir cosas de mucho más peso.
Como siempre, está cortada con File Splitter And Joiner.
Que la disfruten voacés.
(*)Por cierto, como curiosidad, entre los greñudos motoristas aparece Barry McGuire, un cantante de folk-rock que tuvo un gran éxito en 1965 con una canción de P.F. Sloan titulada Eve Of Destruction y que, según parece, se pasó luego a la interpretación en papeles secundarios y, mayormente, en producciones de bajo presupuesto y series televisivas.
A un internado femenino centroeuropeo sito en el antiguo señorío de los Karnstein (a los que, en vida, sus vasallos no tenían en gran estima, la verdad), llega una nueva joven llamada Mircalla. Poco después comienzan a suceder extrañas cosas...
Y no digo más, aunque cualquier puede imaginárselo, ejem...
Ficha Técnica
Director: Jimmy Sangster / Productora: HAMMER Films / Guión: Tudor Gates (basado, muy libremente, en el relato "Carmilla" de Joseph Sheridan Le Fanu / Fotografía: David Muir / Música: Harry Robinson / Montaje: Spencer Reeve / Intérpretes: Yutte Stensgaard, Ralph Bates, Suzanna Leigh, Barbara Jefford, Michael Johnson, Helen Christie, Pippa Steel, David Healy, Harvey Hall, Mike Raven, Jack Melford, Michael Brennan, Judy Matheson, Christopher Cunningham, Erik Chitty, Caryl Little / Nacionalidad y año: Reino Unido 1971 / Duración y datos técnicos: 95 min. Color Versión Original en inglés con subtítulos en castellano en archivo aparte.
Comentario
En torno a 1969-1970 el género de Terror sufrió una serie de transformaciones que lo modificaron y condicionaron para siempre. De alguna manera (en mi subjetiva y discutible opinión) el cambio de década supuso un punto de inflexión, un límite, una frontera perfectamente definida que marcó un antes y un después.
El viejo terror clásico dio paso a nuevas formas, nuevos argumentos, nuevos modos, abandonando los escenarios y estéticas anteriores. El entrañable y queridísimo Gótico Italiano pasó a mejor vida, mientras el Giallo (que mezclaba el terror propiamente dicho con el suspense, el tema policiaco y cierto tremendismo visual) tomaba el relevo. Las viejas historias de vampiros, criptas y cementerios decimonónicos fueron sustituidas por asesinos en serie, monstruos humanos (no sobrenaturales), disfuncionalidades psíquicas y/o sociales y familiares y truculencias explícitas. Todavía no había llegado la eclosión splatter y gore de finales de los 70’s, pero ya podía adivinarse en el horizonte que, tarde o temprano, las sierras mecánicas, los taladros eléctricos y los cuchillos carniceros iban a adueñarse del género en un tiempo más o menos breve.
Estados Unidos comenzaba a recuperarse de su “decadencia” y llamaba de nuevo a las puertas del género, reclamando una posición dominante que había perdido diez, quince, veinte años atrás a favor de Europa (y, principalmente, del Brit-Terror).
En concreto, en las Islas Británicas, todavía detentadoras de la hegemonía, la evolución era evidente. La gloriosa Hammer, que desde finales de los 50’s y durante toda la década de los 60’s había encadenado una joya tras otra con un éxito incontestable, comenzaba a experimentar dificultades. El viejo goticismo marca de la casa no terminaba de enganchar con el nuevo público de jóvenes post-swingin’ London que demandaban emociones fuertes y erotismo explícito. La productora no quiso dormirse en los laureles, y comenzó a experimentar tratando de recobrar la hegemonía y el favor de la taquilla. No obstante, a pesar de echarle imaginación a la cosa, nunca renunció en el fondo a la vieja “marca de la casa”, tan querida y característica. Buscó nuevos giros argumentales, como la mezcla de capa y espada con el tema vampírico que supuso “Captain Kronos, Vampire Hunter” o la tremenda “The Seven Golden Vampires” (A.k.a. "Kung-Fu Contra Los Siete Vampiros De Oro" en la que los chupasangres se mezclaban con las Artes Marciales e, incluso, con el western. Vamos... el sueño de un chaval de ocho o nueve años en los 70's hecho realidad), actualizó el personaje estrella de la casa, el buen y viejo conde Drácula, ambientando sus aventuras en la más estricta contemporaneidad (“Dracula 72 A.D.” y “The Satanic Rites Of Drácula”) y terminó asumiendo las nuevas modas satánicas en la estimable e infravalorada (y última película de género que la productoras firmó, por cierto. Su canto del cisne) “To The Devil A Daughter”.
Pero, como ya he dicho, nunca abandonó sus querencias goticistas, sus ambientes centroeuropeos y sus vampiros de toda la vida, con sus colmillos puntiagudos y sus capas negras, como debe ser y comodiosmanda.
Lo que sí hizo la Hammer, en ese cambio de década, fue plegarse al nuevo gusto por lo erótico sin mayor problema. La productora siempre había tenido muy presente ese aspecto (aquellos rotundísimos escotes de Yonne Romain o Dana Gillespie, las piernas perfectas de Barbara Shelley, los impresionantes bikinis prehistóricos de Raquel Welch y Martine Beswick... y ya vale, que me encano...), así que no hubo dificultad en adaptarse a los tiempos. Los camisones se hicieron más trasparentes, los escotes más pronunciados y las situaciones más explícitas. Se ficharon nuevas hammeretes, más jóvenes y dispuestas a desnudarse como las gemelas Collinson (recién coronadas como playmates del mes en Octubre de 1970), la deliciosamente exhuberante Valerie Leon, la pizpireta Madeleine Smith, la tremenda Veronica Carlson, la delicada Yutte Stensgaard o la desarmante Ingrid Pitt y asunto solucionado. Para que la cosa quedase clara, se inició un nuevo ciclo vampírico, el conocido como La Trilogía Karnstein, en el que el personaje de Drácula fue sustituido por el de la famosa vampira creada en el relato homónimo de Joseph Sheridan Le Fanu (desde mi punto de vista, en la creación icónica del vampiro cinematográfico y literario anterior a esa caterva de adolescentes colmilludos y con problemas hormonales que ahora nos aflige y a los homoerotizantes y lánguidos vampirillos de Anne Rice, el vampiro de toda la vida, vaya, tan importante es la novela de Mr. Le Fanu como el Drácula de Stoker). Carmilla, Mircalla, Marcilla, sea cual sea el nombre elegido (todos valen) es, de alguna manera la protagonista de la trilogía, compuesta por tres películas: “The Vampire Lovers”, “Twins Of Evil” y “Lust For A Vampire” y datada entre 1970 y 1971
En la primera (y para mi gusto la mejor de la saga) el protagonismo recae sobre la maravillosa y guapísima Ingrid Pitt, generosa de camisones trasparentes y caricias sáficas. En la segunda son las gemelas Collinson las que se dedican a pegar mordiscos a los que se les ponen por delante y a abrirse el escote del camisón para hipnotizar al más pintado... Y en la tercera, que es la que ahora cuelgo, el papel de vampira rozagante y mollar lo asume la rubia y escandinava Yutte Stensgaard.
No es ésta la mejor película del ciclo, desde luego, pero tiene su aquél...
Sigue siendo puro Hammer. El escenario, como no podía ser menos, es esa Estiria indefinida en el corazón de Centroeuropa, con topónimos y nombres alemanes, pueblos típicos, curas católicos, aldeanos en blusón y mocicas recién sacadas de un cuadro típico. Castillos tardomedievales, criptas góticas y bosques umbríos. Y, en este caso, para sazonar con más picante el guiso, un internado femenino lleno de adolescentes sonrosadas cuyo pecho se agita delicado y rotundo bajo el escote recto del vestido estilo imperio que todas lucen (estamos en el primer tercio del siglo XIX, of course).
Como ya he dicho, la peli paga tributo a su tiempo y a los condicionantes que la Hammer había asumido para mantener la cuota de mercado. Un erotismo soft y en absoluto agresivo que, visto hoy, no sólo resulta inocentón sino hasta un poco ñoño. Y, por si faltaba algo, incluso hay hueco para meter una cancioncilla semipop (más bien easy-listening) para que sirviese de banda sonora ambiental en la escena erótico-pastoril en la que vampira deviene enamorada, ejem (Al fin y al cabo era algo normal en aquellos años. Piensen voacés en “Dos Hombres y Un Destino”, “Casino Royale”, “La Balada De Cable Hogue”, “The Thomas Crown Affair”, etc... Donde menos se lo pensaba uno, saltaba la liebre y aparecía una canción pop. Y algunas siguen sonando deliciosamente bien treinta años después, por cierto).
La señorita Stensgaard no ha pasado a la historia, precisamente, por sus dotes interpretativas. Era una jovencita adorable y sumamente atractiva (y me quedo corto, ejem...) pero limitadísima como actriz. Así que la peli no puede por menos que resentirse de ello; y ni siquiera la presencia siempre eficaz de Ralph Bates y otros secundarios típicos de la Hammer cubre ese flanco. Por otra parte, el argumento es otra variación de la historia de Carmilla que ya se había desarrollado (con diferentes giros argumentales pero con la misma trabazón básica) en las anteriores películas de la mini-saga, las aludidas “Vampire Lovers” y “Twins Of Evil”. Vamos... que “Lust For A Vampire”, como ya he dicho, no es la mejor película de la Hammer (y, de hecho, es la más flojica de toda la Trilogía Karnstein).
Pero... ¡Qué diablos...! Todavía es una cinta de brit-terror de su época dorada. Todavía están ahí todos los detalles y motivos que, no por manidos y comunes, siguen siendo encantadoramente reconfortantes. La fotografía, la ambientación, la corrección narrativa, el respeto por el espectador (del que no se piensa que es un estúpido dispuesto a tragarse cualquier barbaridad). Todo eso sigue ahí.
Y, además, la rubia y juncal Yutte no sería una actriz del método, pero a fe mía que resulta una vampira especialmente sugerente y deleitable (vamos... que al verla venir de frente, más que dejarse morder, lo que uno haría es morderla a ella, ejem...).
Pues eso, mes amis. Que la peli, a pesar de sus deficiencias y limitaciones, sigue siendo perfectamente disfrutable y agradecida. Y una de la Hammer siempre será una de la Hammer, qué coñe...
Está cortada con File Splitter & Joiner. Va en inglés original con subs en castellano en archivo aparte (son los primeros subtítulos que yo hice. En realidad aproveché una traducción previa de un compañero latinoamericano y la modifiqué de cabo a rabo). Se trata de un DVDRip con muy buena calidad de imagen.
Curiosamente, las otras dos películas de la trilogía Karnstein están publicadas en DVD en España (“Las Amantes Del Vampiro” y “Drácula Y Las Mellizas” son los títulos con los que se las puede encontrar), pero ésta tercera no.
Un joven cirujano, en colaboración con su asistente, experimenta en su laboratorio particular con injertos de cabezas en animales. Dado el éxito de las operaciones, deciden hacer lo mismo, pero con seres humanos, cogiendo a un retardado mental e injertándole la cabeza de un peligroso reo.
Ficha Técnica
Director: Anthony M. Lanza / Productor: John Lawrence / Productor ejecutivo: Nicholas Wowchuk / Guión: John Lawrence & James Gordon White / Fotografía: Glen Gano, Paul Hipp & Jack Steely / Música: John Barber / Montaje: Anthony M. Lanza / Efectos Especiales: Ray Dorn / Intérpretes: Bruce Dern (Roger), Pat Priest (Linda), Casey Kasem (Ken), Albert Cole (Cass), John Bloom (Danny), Berry Kroeger (Max), Larry Vincent (Andrew), Jack Lester (Sheriff), Darlene Duralia (Miss Pierce), Raymond Thorne (Motocclista), ... / Nacionalidad y año: USA 1971 / Duración y datos técnicos: 87' Color 1.85 : 1 (Doblada)
Comentario
Involuntaria comedia especialmente recomendada a los fanáticos de las producciones cutres y/o abisales. Sin otro argumento que ver a dos cabezas en un mismo cuerpo asaetear al sufrido espectador con diálogos catatónicos, los responsables del desaguisado tratan de (re)animar lo insalvable con algunos destrozos, escenitas picantes y desperdicio de salsa tomatera, cuando de verdad lo que deseaban era llegar a una duración estándar e incautar a los fans no escarmentados en estas lides. Bruce Dern, antes de hacerse famoso por tan poco tiempo y acabar siendo recordado por su vástaga Laura, es el encargado del transplante en su rancho-laboratorio y, cómo no, se volverá a ver enfrentado a su monstruosa y lela creación. Su interpretación es alocada, compendio de los más demenciales “mad doctors” del género. Ni siquiera esa hazaña desvariada salva al film de la quema en hoguera pública tras los oportunos altercados alcohólicos- Dos años después se estrenaba “The Thing with Two Heads”, igualmente incluida en el grupo de peores películas de la historia. En ella Ray Milland era un racista compartiendo cuerpo con la cabeza de un negro deslenguado (la postearemos en breve). Un programa doble con ambas podría ser casi un electroshock cuyos efectos durarían siglos.
El Conde Yorga prosigue sus andanzas por el Los Angeles de principios de los 70's. Rodeándose, como siempre, de un harén de chicas guapas y depredando los alrededores de su residencia al tiempo que cultiva su imagen (cara al exterior) de aristócrata bon-vivant y enigmático...
Ficha Técnica
Director:Bob Kelljan / Productor: Michael McReady. / Guión: Bob Kelljan e Yvonne Wilder / Fotografía: Bill Butler / Música: William Marx / Montaje: Larette Odney y Fabien Turdjman / Intérpretes: Robert Quarry, Mariette Hartley, Roger Perry, Yvonne Wilder, Tom Toner, Rudy De Luca, Phillip Frame, George McReady, Helen Baron, Karen Ericson, Edward Walsh / Nacionalidad y año: Estados Unidos 1971 / Duración y datos técnicos: 97 min. Color.
Comentario
Como ya comenté en el post de Count Yorga, Vampire, la minisaga dedicada al chupasangres búlgaro está compuesta de dos únicas películas. La que acabo de citar y ésta que ahora cuelgo, producida un año después y con la que (al menos hasta ahora... y supongo que de forma definitiva, porque han pasado treinta y ocho años) concluyó el ciclo.
También en el primer post aludí al azaroso origen de las películas y del propio personaje. En un principio, el Conde Yorga iba a ser una excusa para realizar una sexploitation pura y dura... "The Loves Of Count Iorga" era el título elegido para la primera cinta. Chicas guapas con una talla de sujetador en torno al 105 correteando en topless o con camisones trasparentes, chavalotes de mandíbula cuadrada sufriendo las consecuencias, un vampiro enredador y chulesco (trasunto evidente del Drácula hammeriano), ceremonias satánicas con sacerdotisa desnuda y unas gotas de sangre (bastantes... la salsa de tomate es barata) como excusa... Vamos... algo perfectamente corriente (y también disfrutable, qué diablos) en la serie Z de aquella época.
Pero, afortunadamente, la cosa tomó, casi sobre la marcha, otros derroteros; la peli se transformó en una maravillosa cinta de terror strictu-sensu y el bueno del Conde Yorga terminó convertido en un icono del género (de culto, of course... pero icono al fin y al cabo). De la vocación inicial algo quedó... es cierto. La pulsión erótica, las chicas guapas y, sobre todo, el cartel de la película que, no me negarán vuesas mercedes, remite sin género de dudas al sexploit... con esas cuatro vampiras sixties-style comiéndose a bocados (literalmente) al desgraciado (o afortunado, según cómo se mire) mocete.
El éxito de la primera película, y la consiguiente recaudación, hicieron que Bob Kelljan pudiera acometer una secuela con un presupuesto mucho más serio (el de la primera era digno de una auténtica producción de serie B) y mayor libertad creativa. Y el resultado fue esta película que ahora cuelgo: "The Return Of Count Yorga".
Según parte de la crítica especializada es muy superior a la primera (llevando la contraria a ese refrán que dice que segundas partes nunca fueron buenas). Aunque al respecto hay opiniones…
Es cierto que se nota el mayor presupuesto; pero además, Kelljan, da un paso más en el tema de la originalidad. Y me explico: es cierto que la primera película suponía un acierto al adaptar el personaje del vampiro a la época actual (1970). Pero también es verdad que la adaptación seguía, paso a paso, la propia historia de Drácula; la misma novela de Bram Stoker que, de una forma u otra había sido llevada a la pantalla tanto por la Universal como por la maravillosa Hammer. El punto de originalidad consistía, realmente, en ambientar la acción en Los Ángeles de 1970, cambiando los nombres y modificando ciertas situaciones y personajes para hacer la cosa más verosímil (pero sin traicionar la esencia, que conste... no hay más que ver la peli para darse cuenta. La historia es básicamente la misma).
En esta segunda película ya no se sigue el patrón de Stoker. Como buena secuela, se da rienda suelta al Conde y se imagina una nueva aventura (lo mismo había hecho antes –y seguía haciendo- la Hammer); lo que da ocasión a incidir en otras cosas, a potenciar aspectos diferentes del personaje y las situaciones.
Lo que, desde mi punto de vista, más destaca en esta película es el salto cualitativo que supone con respecto a la primera en el aspecto de la violencia, la crueldad visual.
Las depredaciones del Conde (y de su cuadrilla) son más explícitas, más crudas, más salvajes. Es cierto que incluso la Hammer, ya a partir de "Drácula Príncipe De Las Tinieblas" (1966), pero sobre desde "Las Cicatrices De Drácula" (1970), estaba endureciendo mucho ese aspecto... pero en "The Return Of Count Yorga" la cosa adquiere un carácter más canalla, más brutal.
Y no hablo de los litros de sangre o de un supuesto toque gore (que nadie debe buscar, porque no encontrará), hablo de esa violencia cruel, asalvajada, animal, alejada de cualquier tipo de elegancia, que se aprecia en algunas escenas y que a mí me ha recordado a la que aparece en otra película de tema vampírico y de la que suele hablarse poco: "Vampyres", de J.R. Larraz (una producción británica de 1974; que en España se estrenó con el absurdo título de "Las Hijas De Drácula" y un cartel tan absolutamente imbécil e inapropiado que hacía pensar en una película de Pajares y Esteso antes que en el filme de horror strictu-sensu –y bastante interesante, por cierto- que realmente era).
Otra novedad es que se aprecia un cierto cambio (al menos a mí me lo ha parecido) en el carácter del Conde. Ya no es el tipo encantador pero amenazante, simpático pero jodido, de la primera. Aquí es más adusto, más siniestro, más oscuro, más lejano... más parecido al Drácula que tan maravillosamente ha encarnado Christopher Lee, dejándolo fijado para siempre como el inevitable prototipo del vampiro. Aunque con algún toque irónico, muy sutil.
Como puntos negativos sólo voy a señalar dos (hay más, que conste, pero tampoco es cuestión de cargar las tintas): Esta película no es, en realidad, una continuación de la primera. No tiene en cuenta, para nada, los hechos acaecidos en "Count Yorga, Vampire". En ningún sentido. Cuando la veáis lo entenderéis…
Y, por otro lado, a pesar de imaginar una “aventura” diferente, reproduce, en buena medida, el desarrollo argumental de la primera. Incluido el tipo de final. Cosa que, de todas formas, hicieron la mayor parte de las películas de vampiros de la época. Y aún siguen haciendo las de ahora mismo…
Bueh... y vale. Que me enrollo como los cuarentones cuando empiezan a hablar de la mili... Y además tengo que preparar las maletas para mis pequeñas vacaciones, ejem.
Pues eso, que aquí os dejo esta pequeña joyica del cine vampírico americano. Junto a su hermana mayor (le lleva un año, jejeje) constituye la minisaga completa del Conde Yorga. Y las dos, por méritos propios, son auténticos filmes de culto dentro del género de terror. No lo digo yo... lo dicen los que entienden. Y yo estoy de acuerdo. Echadles un vistazo vosotros y sabréis si tienen o no razón.
Como siempre, está cortada con File Splitter & Joiner. Se trata del segundo ripeo que hice. También de un DVD americano, de la serie Midnite Movies. Es la versión original estadounidense, con los subtítulos en español que figuran en esa edición. Van incrustados porque, como ya he explicado, en aquella época (cuando hice el ripeo) todavía no había aprendido a ripear la peli por un lado y los subs por otro...
Simon es un tipo extraño que vive en las alcantarillas de Westside, una especie de suburbio de una capital californiana (Los Ángeles o San Francisco; no queda claro). Pero no es un vagabundo, de la misma forma que no lo eran los antiguos anacoretas que se retiraban a vivir en una cueva del desierto o de las montañas... Como ellos, Simon es en realidad un místico, un iniciado que busca, de ese modo, aislarse de la sociedad para perfeccionar su espíritu y adentrarse más profundamente por el camino que ha elegido.
Porque Simon es, en el sentido literal de la palabra, un Mago. Un auténtico adepto y practicante de la Alta Magia, conocedor de los Arcanos y depositario de un poder mayor del que, a primera vista, pudiera parecer…
Ficha Técnica
Director: Bruce Kessler / Productor: Joe Solomon para Fanfare Films Inc. / Guión: Robert Phippeny / Fotografía: David L Butler / Música: Stu Phillips / Montaje: Renn Reynolds / Intérpretes: Andrew Prine, Brenda Scott, George Paulsin, Gerald York, Norman Burton, Wiliam Martel, Art Hern, Buck Holland, Lee J Lambert, Harry Rose, Angus Duncan, Ray Galvin, Ultra Violet, Richmond Shepard, Allyson Ames, Michael Ford, Richard F. Graylin / Nacionalidad y año: Estados Unidos 1971 / Duración y datos técnicos: 99 min. Color.
Comentario
No sé si lo he dicho alguna vez en este blog, pero si no es así, ya va siendo hora de que lo comente. Casi siempre que hablo del terror de los años 60's traigo a colación una peregrina teoría (mía y, por lo tanto, seguramente equivocada) según la cual la hegemonía de la época pertenece, por derecho propio al Cine Europeo (de terror, digo). Las glorias del Terror europeo y su hegemonía indiscutible abarcaría un periodo que iría (aproximadamente) de mediados de los 50’s hasta principios de los 70’s en detrimento de la producción de origen estadounidense (con permiso de don Rogelio Corman y algunos otros).
Bueh... Esta burrada mía hay que matizarla un poquico reconociendo la existencia de una corriente más o menos copiosa (y curiosa) de pelis yanquis de serie B y Z bastante interesante y digna de reivindicar (desde pequeñas joyas olvidadas como "The Witchmaker" o "The Brotherhood Of Satan" hasta bizarradas descacharrantes del estilo de las que publica en DVD esa entrañable serie titulada Something Weird Video). Bueh... Pues la peli de la que ahora nos ocupamos pertenece a ese momento. Y, desde luego, a la primera categoría (la de las pequeñas joyas más o menos ocultas que urge reivindicar).
Verdaderamente, en la segunda mitad de los 60’s y durante los primeros 70’s (antes de 1973) hubo una especie de moda brujeril y satánica en el cine americano de serie B con la suficiente entidad como para crear algo parecido a un subgénero. Algo que, a veces, se ha pensado que había surgido a rebufo del éxito de "La Semilla Del Diablo" de Polansky, pero que, a mi parecer, es más o menos independiente (aunque es verdad que a partir de 1968 deja notar ciertas influencias de la peli polanskiana).
Bueh, pues esta película forma parte de todo eso. Pero con matices.
En el libro "American Gothic, El Cine De Terror USA 1968-1980", coordinado por Antonio J. Navarro (lo recomiendo a todo aficionado al género) se da cuenta de esta especie de subgénero brujeril-diabólico siquiera sea de forma sucinta. Y se establecen algunas de sus curiosas características, entre las que destacan la presentación de sociedades adoradoras del diablo o sectas brujeriles en escenarios rurales, más o menos aislados, del profundo sur o del medio oeste (jugando a aplicar la “otredad” a una especie de América profunda contrapuesta al medio urbano... una América atrasada, hostil, encerrada en sí misma) y la insistencia en el carácter más o menos comunitario de esos satanistas, esas brujas (como una especie de versión distorsionada de la sociedad americana tradicional). Sólo esos dos elementos ya diferencian claramente esta “corriente” de lo que plantea "La Semilla Del Diablo" y marcan una distancia evidente. Aunque hay más...
Curiosamente, "Simon, King Of The Witches" no reúne ninguna de ellas. Pero tampoco se parece a la peli de Polansky. Como en ésta, la acción se desarrolla en un medio urbano y moderno. De igual forma, las brujas y magos que aparecen no forman sociedades comunitarias reconocibles (de hecho, Simon es una especie de francotirador, de outsider solitario que va por libre) sino que se mueven con normalidad en el ambiente de su tiempo... Pero ahí acaban las coincidencias entre las dos cintas.
Así pues, la peli protagonizada por Andrew Prine es, por decirlo de alguna forma, doblemente rara. No guarda parentesco con el satanismo moderno y urbano de "La Semilla Del Diablo" ni con las brujerías rurales y comunitarias del subgénero de finales de los 60’s. Es otra cosa... Va tan a su aire, tan “por libre” como el propio personaje protagonista....
Con lo que sí guarda muchísima relación es con el ambiente de su época. O, por decirlo mejor, con el inmediatamente anterior, con el de la Costa Oeste americana durante la segunda mitad de los 60’s (la película es de 1971, pero en espíritu es un producto de la psicodelia yanqui de 1966-69). Y no sólo por su estética sino, sobre todo, por el argumento. En "Simon King Of The Witches" no hay satanismo strictu sensu. Simon es un mago “pagano”, que adora a las viejas deidades (Afrodita, Poseidón) y que se dirige, de tú a tú, a los dioses antiguos. Es un verdadero mago, que se permite el lujo de reirse de los cultos teatrales tipo Wicca (hay una escena antológica, ya citada en el comentario de Pasadizo.com) con toda su parafernalia tardo-jipi y pre-New Age, poniendo en solfa la moda “ocultista” que azotó USA a finales de los 60’s. Y que, cuando recurre a las “fuerzas oscuras”, no invoca al diablo sino al siniestro Moloch, el dios fenicio y cartaginés al que sus adoradores sacrificaban niños.
Hay un comentario de Rubén Risco en una página llamada Pasadizo.com que relaciona a Simon con el Dr. Extraño, un personaje de comic de la Marvel por el que yo siento auténtica adoración (desde que era un crío de ocho o nueve años y leía sus tebeos… a pesar de que en las portadas ponía “Historias Gráficas Para Adultos”). Verdaderamente, Simon guarda muchísimos paralelismos con el viejo y querido Stephen Strange. Aunque también es verdad que mientras el hechicero supremo (así lo catalogaban) era un tipo con clase de la Costa Este, un cirujano retirado, elegante y chick (hip, que se decía entonces) que vivía en una casa en pleno centro de Nueva York (en el cogollico… en el mismísimo Greenwich Village) asistido por un criado llamado Wong, rodeado de bellas mujeres (tan elegantes y estilosas como él) y vestido como un figurín de revista de moda (de 1968, of course) el bueno de Simon es una versión pobre y eremítica… Alojado en un colector de desagüe para la lluvia, malviviendo a base de vender amuletos y realizar hechizos de amor doméstico, moviéndose en la California de finales de los 60’s y principios de los 70’s, entre freakies, homosexuales, yonkis, jovenzuelos descarriados, chaperos, camellos de poca monta y burgueses hastiados en busca de emociones fuertes, drogas fáciles y experiencias sexuales alternativas…
Pero, al mismo tiempo, la sordidez del ambiente en que se mueve Simon, de toda la película en sí, es también una seña de identidad. Una declaración de principios y, al mismo tiempo, un reflejo perfecto de su época.
Antes he dicho que la peli, desde un punto de vista espiritual, es un producto de la América tardopsicodélica de 1969… Pero no es cierto. Voy a contradecirme. En realidad es un producto perfectamente acabado de su propio tiempo. De ese 1971 en el que los 60’s ya sólo parecían un chiste. Ese 1971 en el que todas las esperanzas se habían acabado. Ese 1971 en el que la parafernalia bienintencionada y buenista de la Era de Acuario se había ido a la mierda, dejando sólo frustación, mal rollo, sordidez y melancolía. Ese 1971 que estaba en mitad de ningún sitio (estética, espiritualmente) sin saber para dónde tirar… Y que presentía que lo que iba a venir no era, ni de lejos, parecido a lo que había quedado atrás. Que lo que venía era muy distinto. Todavía no había llegado la crisis de 1973, pero había cosas que ya “flotaban” en el ambiente. Las drogas (la heroína, sobre todo) habían dejado de ser una pose estética para convertirse en algo parecido a un arma de destrucción masiva (y generacional). La fiesta había terminado.
Los personajes de "Simon King Of The Witches" viven ese momento. Son los restos del naufragio sesentero. Acaban de despertar del sueño de 1967-69 con una espantosa resaca... Pero todavía no se dan cuenta del todo. No se han enterado. La realidad es sórdida, triste, acanallada. Pero ellos creen que nada ha cambiado (o no ha cambiado lo suficiente). Todos salvo Simon... Aunque es posible que incluso el propio Simon no sea todo lo consciente que debería del nuevo signo de los tiempos.
Si uno, tras descargar la peli, abre el archivo .avi y le da un repaso rápido (para comprobar qué tal se ve) puede llevarse una impresión equivocada. Esa especie de aire tardopsicodélico y post-sesentero que he señalado antes puede hacer pensar, como ya he dicho, en la California de 1967-68... Hay una estética que, a primera vista, nos recuerda cosas como la portada del primer disco de los Grateful Dead o esa interpretación vía LSD de Alicia En El País De Las Maravillas que es el White Rabbit de los Jefferson Airplane. Pero no. Cuando te pones a ver la película observas que el espíritu no es ése. Que, por seguir con el símil musical, la cosa está más cerca del lado oscuro de los Doors o de la aspereza nihilista de las canciones de los Stooges. Aquí no hay flores en el pelo, amor universal ni colorines brillantes. Aquí hay bolsas vacías, basura, rincones sucios, jeringuillas usadas, egoísmo, desesperanza y desencanto.
A pesar de todo lo dicho la película tiene su punto pop. Tal vez porque, tristezas aparte, Simon sigue siendo un trasunto humilde de ese Dr. Extraño del que antes hemos hablado (superhéroe pop y psych por antomasia de la factoría Marvel...). Y, sobre todo, porque era prácticamente imposible hacer una peli de tema mágico en 1971 sin beber de las fuentes tardopsicodélicas, omnipresentes hasta un par de años antes. Pensad, además, en la fiebre esotérica y mágica que azotó la Costa Oeste durante la segunda mitad de los 60’s. Recordad que Anton LaVey funda la Iglesia Satánica en 1966; que los cortos “Mágickos” de Kenneth Anger son de esta misma época ("Scorpio Rising", "Celebration Of My Demon Brother", "Lucifer’s Rising", etc); y que la revalorización de figuras como Aleister Crowley y otra fauna ocultista de principios de siglo y su apropiación por parte de la cultura pop tiene lugar en esos años.
Y una última cosa para terminar. Una de mis chifladuras sin importancia y que, en realidad, no tienen mucho que ver con la peli en sí.
Hay un detalle en esta película que me resulta sumamente llamativo: En todo momento, la lluvia tiene un carácter negativo. No es un mero meteoro. Es algo malo. Obliga a Simon a abandonar su refugio en el colector del alcantarillado. Se desencadena como tormenta para anegar Westside y sumir a la localidad en el caos... La lluvia siempre es mala.
Y me llama mucho la atención que eso ocurra en una película ambientada en California (no tengo claro si en el sur –Los Ángeles- o en el centro –San Francisco-) porque, salvo en el extremo norte de ese Estado, la lluvia no es precisamente abundante. Vamos... que California no es un sitio lluvioso ni muchísimo menos. La mayor parte de su territorio es de clima mediterráneo, con índices pluviométricos muy bajos y cuenta, además, con un buen porcentaje de zonas muy áridas y secas.
Y digo que me llama la atención porque eso aparece también en el lenguaje pop de esa época y esa zona... Siempre me ha extrañado la connotación tan negativa que tiene la lluvia en las canciones de gente como la Creedence Clearwater Revival (la lluvia es una amenaza, una metáfora de la guerra de Vietnam o de la desesperanza), los Doors y otros grupos californianos de los 60’s. Gente que vivía en sitios donde llueve más bien poco (y, cuando lo hace, no de forma especialmente torrencial) es curioso que tuviera tan mal concepto de un meteoro que no sólo es necesario sino que, en el fondo, tiene un aura poética bastante evidente (y connotaciones positivas en muchísimos casos).
No sé... Es una cosa rara.
El archivo subido es, como ya he comentado, un ripeo hecho por mí de un DVD original americano. Le he metido una pista de audio en castellano que aproveché de un excelente montaje realizado por un equipo que se autodenomina Miskatonik (aunque hay algunas partes sin doblar). No obstante, hemos colgado unos subs íntegros, para la Versión Original (Y digo “hemos” porque he contado con la inestimable ayuda de un compañero llamado Arch Stanton para este posteo (uséase, que es otro trabajo en equipo, mes amis). A ese respecto quiero hacer una precisión: El doblaje es muy malo. Horrible. Pésimo. Uno de esos doblajes hechos deprisa y corriendo para el mercado videográfico (en los 80’s... durante la fiebre de las ediciones en VHS) que resulta penosísimo. Desde el actor que dobla a Andrew Prine hasta los que “cubren” a los secundarios, todo es desafortunado y fallido. La voz de Prine, que en la V.O. suena grave, seria, eficaz y creíble, no tiene nada que ver con la de su doblador (que, además, sobreactúa de una forma impostada y, a veces –muchas- ridícula). Y, para terminar de arreglarlo, la traducción también parece forzada y apresuradilla. Vamos... Un desastre.Recomiendo encarecidamente a todo aquel que sienta un poquico de interés por esta peli que la vea en V.O.S.E. De verdad. Es que entre una y otra versión (la doblada y la original) hay tanta diferencia como entre una película buena y otra mala… En serio.
Además, los subs los he traducido yo (ejem...) uséase, que son "de fiar" (jejejeje).
Y nada más. Como siempre, la he cortado con File Splitter & Joiner y, por una vez, la he subido sólo a Megaupload. Ocupa muchísimo… Sus buenos dos Gigas… Pero es que he querido que tuviese la mejor calidad posible de imagen y sonido.
Ha tenido lugar una terrible guerra (URSS-China) que termina con la liberación de un virus mortal, que ha exterminado la población mundial. Robert Neville (Charlton Heston) preparó a tiempo una vacuna, que se inyectó y que le salvó de la muerte. Han sobrevivido también unos centenares de individuos a los que los agentes biológicos les han causado una hipersensibilidad a la luz, por lo que se esconden durante el día en el subsuelo y salen a la superficie durante la noche. Sienten la necesidad de acabar con todo lo que tenga que ver con la ciencia y la tecnología, que consideran causantes de la guerra. Por ello, cada noche intentan entrar en el lugar donde vive Neville para matarle, pero éste se atrinchera con todos los medios a su alcance.
Ficha Técnica
Director: Boris Sagal / Productor: Walter Seltzer para Warner Bros. / Guión: John William Corrington y Joyce Hooper Corrington, según la novela de Richard Matheson / Fotografía: Russell Metty / Música: Ron Grainer / Montaje: William H. Ziegler / Intérpretes: Charlton Heston (Robert Neville), Anthony Zerbe (Matthias), Rosalind Cash (Lisa), Paul Koslo (Dutch), Eric Laneuville (Richie), Lincoln Kilpatrick (Zachary), Jill Giraldi, Anna Aries, Brian Tochi, DeVeren Bookwalter... / Nacionalidad y año: Estados Unidos 1971 / Duración y datos técnicos: 98 min. color 2.35:1.
Comentario
Al igual que la primera versión fílmica de la extraordinaria novela de Richard Matheson “Soy leyenda” (la mediocre “L'Ultimo Uomo della Terra” (1964), el presente largometraje transforma radicalmente todo el sentido del texto original. Robert Neville (Charlton Heston) parece ser el único humano que ha quedado inmune a una terrible enfermedad bacteriológica que causa todos los síntomas del vampirismo. Refugiado en la casa ubicada en la ciudad de Los Ángeles que antes del desastre compartiera con su esposa e hija, Neville se defiende a duras penas del ataque de las criaturas. Durante el día mata vampiros (debido a su indefensión ante la luz) y por la noche se recluye en su casa e investiga tratando de encontrar un remedio para la enfermedad. Mientras que la novela centraba toda su efectividad en la angustia soportada por el único superviviente humano a una devastadora guerra química acosado por una especie de mutantes-vampiros, el film de Sagal, en cambio, prefiere presentar al protagonista como un heroico y autosuficiente superhombre capaz de defenderse con solvencia de los ataques de los mayoritarios zombies, pertenecientes a una oscura e indeterminada secta de carácter místico. El argumento, mas bien errático, se limita a una sucesión casi determinista de enfrentamientos entre el superviviente, empeñado en hallar un suero capaz de salvar a la humanidad, y los perseverantes vampiros, cuyo único objetivo parece ser el propio Heston. Gran parte del impacto psicológico de la novela queda diluido al anular el carácter legendario y temible que para los vampiros va adquiriendo paulatinamente la figura del superviviente. convertido en el verdadero mal a extirpar de una sociedad compacta que busca por todos los medios adaptarse a la nueva situación psicológica. Realizada con corrección e interpretada por un Heston que da muestras de su más desbocado narcisismo escénico, “El último hombre Vivo” presenta como atractivo añadido la oportunidad de presenciar uno de los últimos trabajos del maestro de la fotografía Russell Metty (“La fiera de mi niña” (1935), “Imitación a la vida (1959), “Sed de mal” (1958)), haciendo gala aquí, de forma un tanto ostentosa, de su gusto por los claroscuros preciosistas, todo un lujo visual para una producción que se nos presenta como un producto típico de acción. Aunque, y a pesar de que ha envejecido bastante mal, sigue siendo un gran film de la sci-fi más setenentera. “Plan 9” te lo recomienda. Nos pirra ese Charlton Heston madurito que nos enseña su mandíbula inferior en ese ademán suyo de cansancio y preocupación.